Trader Jack, el constructor de los Bad Boys (I): Isiah Thomas y su sabotaje

Jack McCloskey, el arquitecto de los Bad Boys

Detroit no es una ciudad normal. Detroit tiene esa historia detrás que convierte cada calle y cada edificio en una página de libro. En cada una de ellas te puedes encontrar de todo, desde la más absoluta tragedia hasta la explosión de jubilo que inunda una ciudad que ha demostrado que en ese preciso momento, todo el mundo está mirándolos a ellos. Pero ni en los valles más profundos ni en los picos más altos el trayecto para llegar ha sido anodino y gris. Siempre tiene una neblina amenazante a su alrededor, que impregna la narración para hacerla mucho mas intensa y compleja.

La historia de la arquitectura deportiva siempre tiende a ser unidireccional. General Manager draftea bien, firma mejor y, con suerte, consigue un equipo campeón. Puede, además, que su reinado se prolongue en el tiempo y que marque una época, con sus seguidores y detractores. Pero pocas de estas construcciones salen de las pistas. Pocas de ellas tienen una narrativa dentro y fuera de la pista. Y pocas, muy pocas, parecen sacadas de una novela de suspense.

Esta es la historia de Jack McCloskey, «Trader Jack» para los amigos, el General Manager que construyó uno de los equipos más míticos de la historia del baloncesto, los Bad Boys.

Los Bad Boys, ¿cómo definirlos?

Isiah Thomas fue el líder de ese equipo. Curiosamente, era el menos físico de todos.

Sucios, traicioneros, busca broncas, guerrilleros, mentirosos, villanos, tramposos y jugadores de poca honra son, a poco que busquemos, algunos de los adjetivos que sus contrarios han usado para describir a los Pistons. Muchos se han encontrado con sus jugadas y, además, sus puños, empujones, codazos, golpes de cadera, zancadillas y rodillazos. Todo valía en esa NBA en la que el comisionado no incidía tanto en favorecer el ataque en favor del espectáculo y no limitaban las acciones defensivas al detalle.

No vamos a justificarlo, los Pistons eran un equipo sucio, nada nuevo en el horizonte. Pero centrarse solo en eso para justificar su reinado es llamar a la puerta y quedarse en el rellano. Te has perdido el resto de la casa. Los Pistons lograron, desde la directiva al utillero, crear una sensación de comunidad que hacía que nadie quisiera bajarse del barco. Keith Langlois, periodista de la web oficial de los Detroit Pistons, resume a la perfección qué es lo que hizo que la Motown consiguiera ser lo que acabó siendo, el mejor equipo de baloncesto del mundo:

La causante de la duración del reinado en la NBA de los Detroit Pistons fue, sin duda, su tozudez e indomabilidad del bien común, hacerse camino a codazos en medio de sus glamurosos rivales en la era dorada de la NBA.

Isiah Thomas, el general que no quería venir

Jack McCloskey tenía una decisión aparentemente difícil en el draft de 1981. Juguemos a ser General Manager por un minuto. Tenemos tres jugadores sobre la mesa: Mark Aguirre, prometedor jugador que es proyectado como número uno del draft, Isiah Thomas, base pequeño y a contracorriente del estilo triunfante de la liga (influenciado por Magic Johnson), y Buck Williams, prototipo de ala pívot dominador de la época, interior y físico. Tres jugadores, tres dimensiones diferentes. Además, McCloskey ya había seleccionado a Larry Drew en el draft pasado, un base de buen cartel que había desempeñado un gran papel durante la temporada.

McCloskey tenía un dilema por delante, pero al parecer solo visto desde fuera; por dentro lo tenía clarísimo. En su visita a la universidad de Indiana, alma mater del base de Chicago, McCloskey se sentó en las gradas para ver el partido de Thomas. Su reacción al salir fue la siguiente:

Lo vi jugar en Indiana y fue un partido perfecto. Y no solo es que jugara de manera brillante, sino que les pedía a los demás el máximo de sus capacidades. Era un líder, y para mi eso es ya una decisión sin dificultad

Si ahora centramos el foco de la historia en Isiah Thomas, su elección por los Pistons era hasta improbable. Dallas estaba tanteando a Thomas, pero este se encargó de que dejaran de sopesar esa opción cuando saboteó su entrevista con Donald Carter, el propietario de los Mavs, al negarse a vestir un sombrero vaquero para la foto. Thomas no quería ir a Detroit, tampoco. En su entrevista con los de la Motown, Isiah le dijo a McCloskey que el equipo no tenía jugadores para luchar, a lo que el GM de los Pistons le dijo que entonces le tendrían que traer nuevos jugadores. Thomas quería jugar para el equipo de su ciudad, los Bulls, pero Detroit consiguió hacerle cambiar de opinión. En una entrevista en el podcast de Quentin Richardson y Darius Miles, Isiah admitió que su propósito fue el de sabotear las 5 entrevistas que tenía con los equipos que escogían antes que sus Bulls en el draft, pero que su treta no funcionó con McCloskey y acabó jugando para el equipo rival y que en futuras temporadas establecería una feroz rivalidad con Jordan. Isiah firmó un contrato de 4 años y 1,6 millones de dólares, y en su partido de debut, anotó 31 puntos y repartió 10 asistencias, pasando por encima de los Bucks de Sidney Moncrief y Bob Lanier (leyenda Piston). Se unió de esta manera al selectísimo grupo de jugadores que han anotado 20+ puntos y repartido 10+ asistencias en su primer partido, solo acompañado por Oscar Robertson y Damian Lillard.

McCloskey nunca tuvo dudas de que Thomas sería el jugador que lideraría a los Pistons, y siempre comentó que nunca nada de lo que Isiah hizo en la pista le sorprendió. Ni los 25 puntos en el tercer cuarto de las Finales del ’88 con el tobillo cual pelota de tenis ni nada por el estilo. Finalmente la apuesta salió de lujo. Isiah Thomas consiguió traer los dos primeros anillos a la Motown, tuvo una carrera de Hall of Fame y su nombre será siempre recordado por ser el líder del equipo que tumbó al glamour de la NBA con un espíritu de equipo de trincheras.

Las Finales del 88, cumbre de esos Bad Boys.
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