ANÁLISIS | Las 5 promesas europeas que no cuajaron

Repasamos las promesas europeas que no terminaron de brillar

Ya fuera de manera progresiva o más abrupta, los principales focos se fueron apagando inexorablemente para nuestros cinco próximos protagonistas. Y es que factores como la mala suerte con los percances de índole física; el hecho de no encontrar a menudo la ética de trabajo más adecuada o, simplemente, alicientes suficientes como para continuar sus respectivas evoluciones.

Amén de la pesada carga que supone el tratar de no defraudar las expectativas creadas para resistir desde el primer momento comparaciones con algunos de los más grandes, terminan por “matar” frecuentemente (tal vez demasiado) las aspiraciones de dominar en el panorama baloncestístico de esos denominados “rising stars” (estrellas emergentes), muchos de ellos destinados a marcar una época… de no ser, en la mayor parte de los casos, por esas imponderables circunstancias anteriormente apuntadas.

Vladimir Stepania (Tbilisi, 1976)

El primer caso de representante georgiano en la NBA no llevaba aparejado a un jugador, ni mucho menos, de complemento. Su elección en la primera ronda del Draft de 1998 (número 27 por los Seattle Supersonics) no hacía sino constatar lo arrolladora que su irrupción en el espectro cestista del Viejo Continente resultó.

Su primera campaña en el siempre avezado por aquel entonces en lo que a la formación de jóvenes talentos se refiere, Olimpija Ljubljana, constituyó uno de esos cuentos de hadas con los que, de vez en cuando, el basket europeo nos obsequia. La primera (y, a la postre, única) presencia del modesto conjunto esloveno en una Final Four, pese a caer frente al campeón Olympiacos en Roma’97, quedará íntimamente relacionada con el poderío de este hábil y, a la vez, versátil siete pies; un pívot de 20 años que asombró durante toda la campaña debido a la contundencia y determinación con la que ejecutaba cada uno de sus movimientos.

De su etapa subsiguiente (llegaría a la NBA en 1999 en pleno lockout) cabe apuntar que la secuencia ya no se mantendría. Y no necesariamente porque no existiera confianza en sus indudables cualidades. El mítico Pat Riley, entrenador de los Heat de Miami, llegó a decir que la principal apuesta del equipo en el curso 2002-03 era convertirle en un nuevo Vlade Divac, puesto que los de Florida contaban con la baja para todo el año del center all star Alonzo Mourning, aquejado de una operación de trasplante de riñón. Ahí fue cuando Vlado firmó sus mejores números en una campaña NBA, eso sí, con unos modestos 5.6 puntos de media por partido. Poco que rescatar de sus cuatro años anteriores a caballo entre Sonics, Nets y los propios Heat… pero aún menos de su temporada 2003-04 en unos Blazers donde acabaría su trayectoria profesional a los ¡27 años!, algo más que revelador acerca de su inconclusa historia.

Josip Sesar (Mostar, 1978)

“Tenía talento para ser la nueva versión de Petrovic pero ni siquiera jugó… fuera de Croacia”, la frase corresponde el ex jugador de ACB en Alicante, Real Madrid y Menorca, Mario Stojic; pero bien la podría haber firmado cualquier alero acostumbrado a sufrir en sus propias carnes los inagotables recursos con los que el también conocido en su primera etapa como “el Jordan de Mostar” deleitaba un día sí y otro también al buen aficionado. De hecho, no sólo el alero germano-croata cayó en el, a la postre, error de ensalzar de manera precipitada las cualidades del más que prometedor Josip.

Para más inri, como en el caso de Stepania, también elegido por Seattle en el Draft (número 47, 2000); el alero nacido en Bosnia no pudo dejar en su debut con la elástica de la selección ajedrezada mejores sensaciones. En el primer torneo de índole internacional ya sin los míticos Kukoc, Radja o Perasovic, era el imberbe Sesar quien, con 19 años, se echaba al cuadro croata a las espaldas como así pudieron atestiguar los representantes del scouting de la NBA congregados en la sede de Badalona durante el Eurobasket’97 tras su exhibición en la primera jornada frente a Alemania.

Después de ello, el primer episodio consustancial a su tan manida en años posteriores ausencia de carácter competitivo aparecería, al no volver a destacar ni él ni su combinado en el resto del torneo. Algo que, por desgracia, se repetiría de forma sistemática en los dos posteriores campeonatos de Europa que disputaría, cabe reseñar que cada vez con menor protagonismo. Únicamente es preceptivo añadir que Stojic no dijo toda la verdad: Josip terminaría en su Mostar natal disputando su último año de baloncesto en Bosnia y con sólo 30 años. Así pues, el que pudo ser el mejor y más fluido anotador de su época se alejó rápidamente de una primera plana competitiva no hecha para él.

Nemanja Aleksandrov (Belgrado, 1987)

Si de inherente a cualquier aparición de un joven talentoso puede calificarse el ser comparado con uno de sus más grandes predecesores, la comparación de Aleksandrov con Toni Kukoc sí parecia de lo más ajustada. Su movilidad y versatilidad con 2.09, unidas a un IQ baloncestístico tremendamente elevado para su tamaño, hacían del ala-pívot serbio el proyecto de principal referente en el deporte de la canasta, no solamente en lo que al Viejo Continente respectaba.

La localidad de Rivas Vaciamadrid pudo ser testigo de su arrolladora puesta en escena en un Europeo Cadete, allá por 2003, en el cual figuras de la talla NBA de Ersan Ilyasova, Omri Casspi o Luigi Datome fueron claudicando ante su devastador potencial. A pesar de no alcanzar la mayoría de edad, Nemanja ya era capitán general en el siempre gran club de cantera, FMP Zeleznik… hasta que un buen día todo se torció. Cuando aún contaba con 17 años, un mal giro en su rodilla terminaría por provocarle una úlcera en la misma que devendría en crónica. Prácticamente dos años sin poder transitar por el parqué eran ya de por si una pesada losa, que posteriormente se convertiría en un calvario casi permanente, especialmente cuando tras intentar rehacer su trayectoria en Ljubljana y Pésaro otra lesión de semejante índole le obligó a pasar en blanco el curso 2011-12.

Algunos choques en Manresa el año siguiente, o su modesta resurrección posterior en la Bundesliga de la mano del EWE Oldenburg jalonan un palmarés miles de veces más reducido en relación al que se preveía. Un currículum que, a diferencia del de nuestros anteriores protagonistas, puede seguir ampliándose, toda vez que Aleksandrov prosigue su carrera en la ligahúngara, y tras haber pasado por la no menos exótica competición rumana.

Milan Macvan (Vukovar, 1989)

Valga comentar que, habida cuenta de sus años disputando la Euroliga con Maccabi, Olimpia Milán o Bayern Munich, su inclusión en este “selecto” grupo puede resultar, en cierta medida, más controvertida. No obstante, remontarnos al verano de 2007 puede hacer profundizar en su entendimiento a más de uno.

Pocos contaban con que un, por entonces, desconocido ala-pívot de 17 años pudiera erigirse como principal artífice de un tramo final de mes de Julio destinado a la exaltación patriótica en Novi Sad: y así sucedería, puesto que los Stephen Curry, Patrick Beverley, DeAndre Jordan o Michael Beasley terminarían por caer en las enormes garras de Marjanovic, Raduljica o Stefan Markovic… pero, muy fundamentalmente, presos de los recursos de un chaval menor de edad; algo imposible de calibrar en torno a su apariencia determinada por su falta de cabello, pero aún más habida cuenta de su proverbial conocimiento del juego dada su juventud.

No contento con ello, Macvan, ya en la categoría que por edad le correspondía, no quiso ser menos en el Eurobasket U18 de Madrid. No hubo que ir más allá de la primera jornada para que su majestuosa actuación diera al traste con las aspiraciones de éxito de la, a priori, gran favorita: la España de Ricky Rubio, Pablo Aguilar o Xavi Rabaseda. La diferencia en el marcador con la que los serbios despachaban al combinado español permitía la componenda que pergeñarían conjuntamente con los lituanos en aras de dejar fuera a la temida España, previo paso al segundo título veraniego del triunfal periodo estival de Milan Macvan.

Bien es cierto que, de forma posterior, Milan continuaría cosechando éxitos (el mayor, el de la plata olímpica en Río’16) con el combinado nacional de su país, pero no lo es menos que el rastro de dominio absoluto que parecía le acompañaría siempre a su paso iría diluyéndose cual azucarillo. Sólo en torno a esos parámetros se explica su presencia en la liga japonesa con, aunque parezca una mentira a la que ya estamos acostumbrados desde hace más de una década dado su aspecto, únicamente 30 años.

Toni Prostran (Zadar, 1991)

Probablemente el menos conocido de nuestra agridulce lista, y sin duda el que menos expectativas generó, pero ello no sería óbice para que muchos nos enamoráramos de su juego cuando corría el verano de 2009 por tierras de las antípodas neozelandesas. A pesar su sempiterno hándicap físico (1.83 y no excesiva capacidad atlética), Prostran se apoyaba en una personalidad y creatividad en el juego deslumbrantes para poner al inalcanzable combinado norteamericano contra las cuerdas, mediante una actuación cercana al triple doble, en la jornada de semifinales del Mundial U19. No obstante, la calidad de hombres como Klay Thompson o Gordon Hayward decidiría para el combinado de USA Basketball tras 38 minutos de dominio croata.

Seguramente el propio Prostran ya no volvería a ver a la gloria llamar a su puerta. Su carácter tenaz e indomable recordaba al de grandes genios del baloncesto balcánico de antaño, pero su juego se tornaría cada vez en más individualista y carente de esa chispa que le hacía diferente; poca continuidad iba a tener, por otro lado, ese manejo de las competiciones de su país que con su escuadra de cuna, el clásico Zadar, iba lograr implementar en su primeros años de profesional.

La curiosa circunstancia en relación a la cual el imaginativo base terminaría por encontrar acomodo en la liga sueca (hasta tres equipos de allí aparecen en su currículum) no hace sino patentizar la “renuncia” a la élite de un otrora gran prospecto que hace no mucho orientó sus pasos hacia la tercera categoría francesa. Sus 28 años actuales no constituyen ya más que un dato meramente anecdótico.

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