New Orleans Pelicans guard Lonzo Ball reacts during the second half of a preseason NBA basketball game against the New York Knicks, Friday, Oct. 18, 2019, at Madison Square Garden in New York. The Pelicans won 117-116. (AP Photo/Mary Altaffer)

ANÁLISIS | Los males de un 1-6 en New Orleans

El inicio no es el más alentador posible

La mayoría de gente se pregunta en estos momentos qué es lo que está ocurriendo con uno de los equipos que más hype levantaban al inicio de temporada; los New Orleans Pelicans. Todavía no se entiende como un equipo tan prometedor, y que no se encuentra en periodo de reconstrucción, ha comenzado de una manera tan sorprendentemente mala: una victoria y seis derrotas en su casillero, encabezando la Conferencia Oeste por la cola, debajo de equipos como Warriors o Kings, equipos que tampoco están teniendo una buena sinergia en sus plantillas.

Este mal inicio de temporada se debe a muchos factores que los Pelicans no controlan, como las bajas de Derrick Favors y Jrue Holiday en algunos partidos o la fortuita lesión de Brandon Ingram en el choque ante Oklahoma City Thunder, pero también se debe a otros aspectos del juego que los Pelicans pueden y deben controlar. Por lo menos, por delante de otros equipos que están peor.

La defensa

¿Como un equipo que anota 120 puntos por partido puede tener un récord así? Hablemos de la defensa, el mal más importante de todos y que coloca al equipo como uno de los tres peores a la hora de proteger su canasta. Según los datos tradicionales, aquellos que no hace falta tener conocimientos baloncestisticos específicos para entender, los New Orleans Pelicans son:

  • El equipo que más puntos permite a sus rivales (124,3 por partido)
  • El segundo equipo que más puntos permite por cien posesiones (114,8)
  • El segundo equipo que más puntos permite desde la pintura (57,3)
  • El séptimo equipo que más porcentaje en tiros de campo concede (47,2 %)

Ningún dato defensivo de este equipo se aleja de este tan selecto TOP-10. Pero estos datos no son sólo los datos de una defensa paupérrima, sino también son datos de una defensa que convierte a sus rivales en mejores equipos desde este plano estadístico. Según otro dato (vía Andrés Weiss), este más sesgado pero igual de efectivo, sus oponentes mejoran todas sus prestaciones ofensivas cuando se enfrentan a ellos, llegando hasta a postularse en el TOP-10 de ataques de toda la NBA.

Una defensa, por momentos, pasiva, mientras que en otros, pasada de revoluciones. Falta de confianza, vendida completamente por un estilo de juego rápido y, a su vez, anárquico cuando no se toman decisiones correctas en las transiciones. Una defensa que pasa desapercibida en momentos de lucidez ofensiva (tal y como refleja el dato de Andrés), pero que saca a relucir todas sus lagunas en los momentos en los que no hay un anotador fiable en pista manteniendo el ritmo ofensivo de partido. Una defensa a la que… ¿le faltan recursos? Muy probablemente.

El primer señalado de toda esta historia, que será también señalado más adelante en otros males del equipo, es Derrick Favors. Es importante recordar que los problemas físicos están lastrando su inicio de temporada, y que aunque el equipo se empeñe en vender que está recuperado al 100%, en realidad no lo está, pero también conviene fijarse en que todos los errores que comete el pívot son de corte puramente táctico, en la toma de decisiones y en los cambios a jugadores en el pick&roll. Vamos con un ejemplo concreto:

Decide bien esta vez, quedándose a caballo entre cubrir el espacio de Levert para entrar y a la vez la línea de pase hacia DeAndre Jordan. Pero entre que Lonzo queda demasiado vendido en el bloqueo, y Favors tarda en decidir si saltar o no y acaba cediendo ese espacio, Levert tiene tiempo y confianza suficiente para finalizar. Canasta fácil.

Cuando se cerró el fichaje de Derrick, uno de los motivos principales en los que se argumentaron David Griffin y su gerencia fue en la importancia que podía tener en el plano defensivo, y sobre todo, en el plano de la protección del aro, el rebote defensivo y en la intimidación y punteo de los tiros cerca de la bombilla. La fórmula, al igual que sucediera hace uno años con Davis y el fichaje de Omer Asik, era la de acompañar a Zion Williamson que con un pívot que pudiera descargar labores en ese sentido. Por eso su rendimiento está siendo tan cuestionado. Y al no contar con ningún perfil interior defensivo (Jahlil Okafor, Jaxson Hayes y Nicolo Melli son sus acompañantes), su responsabilidad crece más todavía. He aquí otro ejemplo:

Eso es un mero punteo, pero a diferencia de la anterior, aquí la decisión es correcta. Harden tiene espacio, Favors queda pegado con Capela para evitar el alley-oop, y él llega a puntear a tiempo, es decir, toma la decisión cuando la tiene que tomar. El problema aquí es otro, la intensidad con la que ejecuta el punteo, con miedo por cometer falta ante uno de los jugadores que más faltas provocan. Canasta fácil de nuevo.

Pero no sólo es la defensa interior lo que está fallando en esta ecuación. El balance defensivo tampoco está siendo correcto, problema que arrastran desde la pasada temporada. La falta de un alero defensivo específico para poder aguantar desajustes y contener aleros más penetradores se está volviendo a notar, y a pesar de que hay una clara mejoría de Brandon Ingram a nivel ofensivo, aún es necesario ese paso adelante también en la defensa. En este sentido, la baja de Jrue Holiday ha condicionado de manera severa para poder mantener posiciones y mantenerse cerca de los tiradores en ataques más estáticos, algo que intensifica mucho más las carencias del alero.

Teniendo en cuenta esto, llama mucho la atención el desprecio a uno de los jugadores que mejor ha desempeñado esta tarea en los últimos años, incluso sufriendo en términos de tamaño ante jugadores más fuertes; E’Twaun Moore. Es lógico que, queriendo apostar por Josh Hart, que encima es de los pocos jugadores que se están salvando a nivel defensivo, su cantidad de minutos se viera afectada (jugaba 27,6 de media). Lo que no es lógico es, puestos los problemas sobre la mesa, ver que en estos primeros seis partidos ha disputado un total de 27 minutos repartidos en dos partidos, en los que ha dejado claro además que los mejores momentos defensivos del equipo han sido con él en pista. 

El rebote

No todo el rebote. El rebote defensivo, porque en el rebote ofensivo las cifras son más pasables. Además de los datos aportados en el anterior tweet, los Pelicans, en cuanto al rebote defensivo, son:

  • El noveno equipo que menos rebotes defensivos captura (34,1 por partido).
  • El segundo peor porcentaje de rebote de la liga (68,7%).
  • El tercer peor porcentaje de rebote en general (47,9%).
  • El quinto equipo que más rebotes ofensivos concede (11,6).
  • El sexto equipo que más rebotes concede (48).
  • El equipo que más puntos en segundas oportunidades concede (17).

No hay otro motivo, además de los desajustes defensivos, que no vuelva traernos el nombre de Derrick Favors. Esta vez, eso sí, más acompañado. Porque además del pésimo nivel de forma de Derrick Favors, la poca sospecha de reboteador sólido de Jahlil Okafor, la falta de centímetros de Nicolò Melli y la inexperiencia de Jaxson Hayes convierten a Josh Hart (7,6) y a Brandon Ingram (7,1) en los máximos reboteadores del equipo, a una relativa distancia pero holgada distancia del tercero (Favors con 5,8).

El mal inicio de Jrue Holiday y el fit con Lonzo

Todo el mundo estaba dando por sentado este verano que esta sería la mejor temporada de Jrue Holiday. Argumentos no faltaban; líder de un equipo en el que es primera opción ofensiva, pasando de los 20 puntos en las últimas dos campañas en las que no lo ha sido, y a cargo de un equipo que no necesitaba perder partidos ni tankear por una elección alta en el Draft. Pero como todos en los inicios de temporada le ocurre, el nivel de Jrue Holiday no es el que debería ser, ni es el que será dentro de unos meses, cuando la competición haya cogido un poco más de rodaje. Esto no es algo excesivamente preocupante, la mejor versión de Holiday llegará más pronto que tarde, pero es otro de los motivos por los que los Pelicans han empezado 1-6.

Malas selecciones de tiro, excesivo tiempo con el balón en sus manos, poco acierto exterior, problemas para finalizar… Este rendimiento está muy ligado al rol asumido por Lonzo Ball, quizás no el mejor fit para potenciar las virtudes de un Jrue que se siente más cómodo jugando sin balón la mayoría del tiempo. Lonzo está recurriendo a ataques estáticos soltando la bola rápido debido a la falta de ideas y a su incapacidad para generar juego a media pista. Los flojos bloqueos de Derrick Favors, además, tampoco están siendo de ayuda para descongestionar el poste alto y liberar a los tiradores en situaciones de bloqueo indirecto, principal arma de otro de los anotadores de este equipo, JJ Redick, obligando a Brandon Ingram a conseguir todos los puntos con aclarados o situaciones de poste bajo.

¿Echamos culpas? ¿Tan pronto?

La primera duda que genera este rendimiento a nivel de plantilla es; ¿hasta qué punto la excusa de equipo jóven y aún en desarrollo exime al equipo de este comienzo de curso? O, siendo más preciso, ¿hasta que punto es positivo que la excusa de equipo jóven y aún en desarrollo beneficia al propio núcleo? La respuesta a la primera pregunta es compleja, y entrarían en juego muchos factores externos, pero la segunda es un poco más fácil de responder: nada que sea excusar un mal rendimiento en tareas tan específicas como la defensa va a beneficiar el crecimiento del equipo. Es verdad que aún es pronto para buscar culpables, pero parece claro que el rumbo del equipo no está siendo el mejor que podría ser, y una dosis de autocrítica en las cabezas pensantes de la organización será muy bienvenida en estos momentos.

Cabezas pensantes como la de Alvin Gentry, de dudosa implicación defensiva a lo largo de estos años, como la de Jeff Bzdelik, entrenador asistente proveniente de Houston Rockets fichado este verano expresamente para configurar un sistema defensivo de garantías, o como la del propio David Griffin, principal valedor de las dos cabezas anteriores. Estas tres cabezas, sumadas a la comunicación con uno de los líderes de la plantilla, Jrue Holiday, quien parece haber adoptado ya este rol, deberían conformar el primer paso a tomar para revertir la situación.

Alvin Gentry, primer señalado de la temporada. Fuente: NOLA.com

Las conclusiones no son buenas, desde luego, y parece que los augurios tampoco. Los Pelicans tienen la tremenda suerte de que, todavía, ni el récord ni las victorias añaden presión. Sin embargo, las sensaciones y los argumentos tácticos sí que lo hacen. Lo primero sólo llegará de la mano de lo segundo, y lo segundo sólo llegará si se entiende que el desarrollo de los jugadores desde el minuto uno es clave, y que con eso sí que no se puede especular. Por ahora, estos nuevos New Orleans Pelicans se han ganado a pulso la medalla de «decepción» de la NBA hasta la fecha.