OPINIÓN | Las 8 cosas que no me esperaba esta temporada

Analizo las que son, desde mi punto de vista, las sorpresas del año

Está siendo una temporada temporada bonita en la NBA. Vamos, siempre lo es. Y más cuando gozamos de la era con más talento individual de la historia de la competición. Cada vez más espectáculo, cada vez más estrellas en los equipos… Y cada vez más sorpresas.

Yo, por lo general, suelo ser muy escéptico, tanto para temas de hype como para sorpresas en general. Sin embargo, sí que es cierto que este año partía con varias premisas que, al final, se han acabado dando la vuelta y ratificando mi habilidad para pronosticar, a la que aún le quedan varias temporadas para acabar de pulirse. Estas son, en base a esas premisas, las 8 cosas que menos me esperaba este año, más un pequeño bonus track al final.

Los Kings, cerca récord positivo

Que el desarrollo de los jóvenes fuera una premisa lo largo de esta temporada para los Sacramento Kings era algo evidente y muy previsible, pero lo que sí que no estaba a la orden del día era que el crecimiento fuera lo suficientemente notable como para acabar el año cerca de un 50% de victorias, algo que la franquicia no conseguía desde el año 2006.

Los culpables son en mayor medida Buddy Hield y De’Aaron Fox, uno callando bocas después de dos años dubitativos y muy criticados, y otro destapándose como uno de los bases llamados a dominar en la próxima década.

Pero no sólo ellos han sido la clave de estos Kings. La gestión de jugadores de rol como Nemanja Bjelica, Bojan Bogdanovic o la mejoría de Willy Cauley-Stein son factores de peso a la hora de desgranar el éxito de los de David Joerger.

Y cuidadito con Marvin Bagley, que como le dé la gana de hacer en 34 minutos lo que hace en 25, vamos a tener una plaza muy asegurada en Playoffs en años venideros.

Los Pelicans fueran de Playoffs

Todos sabéis de qué pie cojeo desde hace años. En realidad, tenía expectativas este año a pesar de la baja importante del equipo. Porque no hace falta que justifique que la salida de DeMarcus Cousins no ha hecho ni la quinta parte del daño que ha supuesto la de Rajon Rondo, ¿no?

Este año, las lesiones han vuelto a ser factor diferencial en un equipo muy bien montado a principio de temporada. Lo que era una plantilla capacitada para luchar por los Playoffs otro año más, ha acabado convirtiéndose en un proyecto de reconstrucción más. Pero qué quieren que les diga, no me la he visto venir. Sabíamos que iba a haber ue sufrir, pero que la pelea iba estar ahí hasta final de año. Otra temporada más de expectativas que, esta vez, ha tenido la peor resolución de todas; Anthony Davis pidiendo el traspaso. O no, depende de cómo de exquisito se quiera poner el destino.

Pero por el que más rabia me da es, sin duda, por Jrue Holiday. Debe ser frustrante dejarlo todo cada noche en la pista para que el mejor jugador de tu equipo se deje engatusar por los primeros cantos de sirena que recibe en toda su carrera.

Ahora toca mirar al futuro desde el front-office, que si bien aún no está definido del todo (falta un General Manager), debe tener una premisa clara muy por encima de las demás: sacar lo máximo posible este verano por Anthony Davis.

La bajada de Ricky Rubio

Tengo que ser sincero y admitir que esta versión de Ricky Rubio que no se va a 10 asistencias por partido no me gusta. A mí me gusta ver al Ricky Rubio que se mete el balón por las piernas, con los «Rickypases» y esas movidas. Sobre todo, porque es un valor seguro. Si Ricky juega a dar esos 15 pases de gol, creo que garantiza mucho más rendimiento en comparación con esta versión más espaciada y con más tiros. El año pasado funcionó gracias a un incremento en el acierto del base desde el tiro exterior, pero este año los porcentajes no han acompañado. Aunque bueno, en su favor hay que decir que la pasada temporada tampoco se vio al mejor Ricky Rubio en regular season, y sí tuvimos que esperar a Playoffs, en aquella eliminatoria ante Russell Westbrook que todos recordarán, para verle a su máximo nivel.

40% en tiros de campo y 31,1% desde el triple en la temporada en la que, anecdóticamente, su promedio anotador es el segundo mejor de su carrera, con 12,7 puntos.

El problema reside, para mí, en el foco ofensivo. Con un Ricky tan bien rodeado para hacer lo que mejor se le da, que es dar pases, y respetando los momentos en los que Donovan Mitchell genera sus propios tiros, no entiendo cómo esta baza no se aprovecha más teniendo en cuenta que los Utah Jazz no van muy sobrados en ataque. Porque todos sabemos que, si Utah se encuentra en Playoffs, es por ser el cuarto equipo que menos puntos recibe y el segundo mejor Defensive Rating de la liga.

Eso sí, en defensa sigue siendo la misma historia de siempre. En esa faceta sí que ha asegurado el mínimo.

James Harden, más en trance que nunca

Para ser justos, yo creo que nadie se espera este tipo de cosas. Por eso son tan gratas sorpresas y nos conmocionan a todos. Porque como dijo un sabio; «lo veo tan chungo, tan rematadamente difícil… Que hasta es posible». Y James Harden se ha encargado de hacerlo posible.

Esperábamos a principio de temporada al mismo Harden de siempre siempre; en la carrera por el MVP, con sus números habituales, llevando a los Rockets una vez más a pelear con los Golden State Warriors… Lo que no esperábamos era que se fuera a cargar todos los récords anotadores habidos y por haber.  Sus 36,2 puntos por partido son la 7ª anotadora más alta de la historia, sólo superada por los 37 de Michael Jordan en la 86-87 y las cinco temporadas (de la 59/60 a la 64/65) de Wilt Chamberlain en las que anotó 37,6, 38,4, 50,4, 44,8 y 36,9.

Cualquier cosa que no sea MVP unánime para «el cometa Harden» será de juzgado de guardia.

Jayson Tatum y su vuelo aplazado

Vuelo aplazado de Jayson Tatum. Para mí, no hay mejor descripción para su temporada. Quizás un poco al hilo de la temporada de su equipo, me esperaba un salto de calidad tanto en números como en sensaciones del amigo Tatum, que si bien ha logrado mantener el nivel del año pasado, no ha conseguido dar ese golpe sobre la mesa que yo esperaba. Ha sufrido el «rookie wall» en su segundo año, al igual que coetáneos suyos como Donovan Mitchell, aunque este segundo sí ha sabido dar el salto en los últimos dos meses de temporada.

Pero es un vuelo aplazado porque, efectivamente, lo que ha sufrido es el «rookie wall», y el ecosistema Celtic no ha acompañado. Aunque sí, esperaba que este año nos impresionara a todos esta temporada, como la anterior. Será que necesita más tiempo. Veremos en estos Playoffs, con un poquito más de competencia, de lo que es capaz. Porque capaz es, no me malinterpreten.

¿Y quizás podría darlo el año que viene en Pelicans? Ya saben que lo que mejor se me da es barrer para casa.

Luka Doncic; quemando etapas a velocidad de vértigo

No sé qué tiene exáctamente Luka Doncic que, a cada nuevo reto que emprende, nos hace tener la sensación de que lleva toda la vida haciéndolo. Es como un veterano de 38 años metido en el cuerpo de un chaval de 20, que cada vez va siendo menos chaval y cada vez más hombre. La manera que tiene de entender el juego, de tomar decisiones, de arriesgar, la calidad con la que hace absolutamente todo… Controla perfectamente su cuerpo, el timing en el gesto técnico, es cada vez mejor interpretando espacios y en defensa ha mejorado una barbaridad. A mí me tiene alucinado.

Doncic acaba el año promediando 21,2 puntos, 7,8 rebotes, 6 asistencias y 1 robo en 32 minutos. He de decir que me esperaba algo por el estilo, por todo lo mencionado anteriormente. Pero como siempre, el esloveno me vuelve a destrozar los esquemas, con un rendimiento bastante por encima de lo que yo esperaba, que era algo cercano 16 puntos y 5 rebotes, más o menos, con menos minutaje y peores porcentajes.

Nos ha vuelto a demostrar, una vez más, que no hay empresa que le quede pequeña. ¿Que quiero ser MVP de la Euroliga con 18 años? Pues lo hago. ¿Que quiero llegar a la NBA, promediar 21 puntos por partido en mi primer año y ser el uno de los mejores rookies de la década? Pues también. ¿Porqué no? Porque cada vez, quema etapas más rápido y de una forma más imperial.

El traspaso de Kristaps Porzingis

Lo que sí que no me esperaba en absoluto era el traspaso de Kristaps Porzingis. O hay alguna razón médica oculta que no nos han contado, o aún no me explico como en New York se han cansado tan pronto de esperar al letón, la primera apuesta firme de futuro de la franquicia en muchos años. Sí, por encima de Carmelo Anthony.

Quedándonos en el lejano oeste, sin embargo, la perspectiva es totalmente contraria. Dos de los mejores prospects europeos de siempre, juntos en una franquicia que, si logra explotar lo bien que puede salir la fórmula interior+exterior, los dos europeos, los dos exteriores, con IQ para dar y regalar y muchísimo cartel dentro de la propia liga, espera éxitos desde el primer momento.

El único pero para no soñar es, como ya acabo de comentar antes, la recuperación de Kristaps, sobre la que no se tiene todavía seguridad al 100% de que esté siendo del todo satisfactoria.

Lo que sí que me esperaba: Los Spurs, en Playoffs… de nuevo (Bonus Track)

Entre todas las cosas que no me esperaba, una de la que sí que no he dudado en ningún momento era de que el señor Greg Popovich iba a sacarse otro As de la manga para poner a los San Antonio Spurs, por 22ª vez consecutiva, en la zona noble de la Conferencia Oeste. Y una vez más, mi intuición no me ha fallado con las espuelas, que han vuelto a encontrar una fórmula eficiente a pesar de las bajas tan importantes en el puesto de base.

Utilizando parches como Derrick White y Bryn Forbes en la posición de base, un DeMar DeRozan que, aunque de menos a más, ha sido constante a lo largo de la temporada y un LaMarcus Aldridge, de nuevo dando la cara como jugador franquicia del equipo, estos habituales Spurs vuelven a hacerse habituales, sorteando muchísimas más dificultades que las planteadas en las últimas temporadas. 

Porque Greg Popovich vuelve a demostrarnos una vez más que está muy por delante de todos. Porque Popovich es Dios.