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Este Barça sí es la bomba

El FC Barcelona se impuso al Real Madrid de manera clara (86-69) para ponerse como líder en solitario.

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Los de Pesic mostraron su mejor versión en ambos lados de la pista y dejaron al Real Madrid en menos de 70 puntos por primera vez en toda la temporada.

El Clásico llegaba al Palau con un ambiente enrarecido. En lo que debía ser la noche especial de Juan Carlos Navarro; aquella en la que su camiseta ascendiese al Olimpo blaugrana para que nadie jamás volviese a enfundársela… Todo dio un vuelco. El fallecimiento de Ricardo Navarro, padre de “la Bomba” alteró los planes y ennegreció un día que se suponía de celebración.

En momentos como estos es cuando la familia del deporte se muestra más fuerte. Con todo el Palau Blaugrana en pie, culés y madridistas se sumaron a un precioso y mágico minuto de silencio para apoyar a una de las mayores leyendas del baloncesto español.

Calma acelerada

Con esta imagen de unidad comenzaba el encuentro. Sin embargo, el peculiar inicio no tardaría en dar paso a un clásico con todas las de la ley. El Barcelona comenzaría intentando marcar los tiempos del partido. Con su habitual pareja exterior, formada por Kevin Pangos y Kyle Kuric, los de Pesic siempre intentan hacerse con el control del partido en los primeros instantes.

Contra el conjunto dirigido por Pablo Laso, los locales intentaron sacar provecho de un sencillo pero efectivo pick&roll que Pangos y Tomic comenzaron efectuando a las mil maravillas. La facilidad anotadora de los blaugranas se vio favorecida en gran medida por su gran movilidad, que dejó sorprendidos a los blancos.

No obstante, los visitantes fueron entrando en el partido poco a poco. De la mano de Facundo Campazzo, los visitantes intentaron imprimir un ritmo algo más alto que les permitiese sacar provecho de su mayor poderío físico. Ahí fue cuando el Barça cayó en la trampa. Heurtel quedó atrapado en el frenetismo madridista y la ventaja blaugrana acabó desvaneciéndose por completo.

Tanteo entre los púgiles

Ambos equipos llegaban al segundo cuarto después de un primer periodo en el que había reinado el máximo respeto entre ambos conjuntos. El Madrid fue el primero en tomar las riendas del encuentro y apostar por un quinteto más físico, siguiendo lo que les había funcionado hacía solo unos minutos. Los visitantes se asentaron bien en defensa y comenzaron a rotar con más agresividad en todos y cada uno de los bloqueos blaugranas.

Poco a poco, los blancos fueron construyendo una ventaja que comenzaba a ser considerable y que el Barcelona no sabía cómo frenar. El parcial llegó a ser de 14-3 para los de Laso al inicio del segundo cuarto y los nervios se respiraban en el Palau. Fue ahí dónde Pesic reaccionó, dando vía libre a la pareja formada por Kevin Pangos y Thomas Heurtel.

Con la calma del americano y la velocidad del francés, los blaugranas fueron capaces de revertir la situación y dominar el partido al hacerse con la batuta. 13-0 fue el parcial que encadenaron los locales para recuperar el liderato y encender a un Palau que debía darles ese empujón final.

El FC Barcelona logró descolocar al Madrid por completo, sacándoles de su zona de confort y obligándoles a cambiar de mentalidad en cada jugada. La variedad de opciones de los blaugranas, jugando en estático o a la contra, fue vital. El balón estaba en el tejado de los blancos.

Se rompió el partido

Tras una marcha a los vestuarios algo caliente al filo del primer tiempo, lo más importante para ambos equipos era mantener la calma. El descanso sirvió al Madrid para volver algo más sereno. Por su parte, el Barça se echó algo atrás, saliendo al exterior y calmando las posesiones.

Los locales estaban algo faltos de ideas en estos primeros minutos, algo que el Real Madrid supo aprovechar. Apretando el acelerador cuando más lo necesitaban, los blancos firmaron un parcial de 12-5 para recuperar el liderato.

Pesic quiso cortar la sangría por lo sano… Y vaya si lo logró. El técnico del Barcelona quiso responder a Laso con sus propias armas, poniendo sobre la pista uno de sus quintetos más físicos. Con Heurtel, Hanga, Claver, Oriola y Séraphin, el Barcelona se convirtió en un martillo.

Las jugadas defensivas y la presión que comenzó a ejercer el Barcelona atrás comenzó a sacar al Madrid de su ritmo. El inicio del último cuarto, pudo verse a un Madrid fuera de lugar, frustrado con la falta de soluciones ofensivas ante un Barça colosal. Como suele pasar en este tipo de partidos, basta con un par de jugadas defensivas para coger el ritmo. Y eso fue todo lo que necesitaron los blaugranas.

De atrás hacia adelante

Poco a poco fueron encadenando jugadas de ataque, haciendo que su ventaja creciese más y más, y poniendo al Madrid contra las cuerdas. Además del buen nivel defensivo, la falta de errores en ataque terminó desquiciando al Madrid, que no sabía por dónde tirar en esos momentos.

Además, la gran cantidad de puntos tras rebote ofensivo que había logrado el Barça en la primera mitad obligó al Madrid a cambiar de filosofía. La necesidad de cerrar el rebote con mucha más decisión terminó lastrando mucho las transiciones madridistas, que llegaron a ser inexistentes en ciertos instantes. La dificultad para anotar crecía a pasos agigantados.

El nerviosismo en la plantilla madridista era palpable. Los blancos estaban cometiendo errores impropios de ellos, mientras el Barcelona no cesaba de martillear una y otra vez. Los locales golpeaban desde todos los lados de la cancha, anotando y defendiendo la jugada siguiente como si fuese la última posesión.

De esta forma, el Barça firmó un parcial de 18-5 (tres de estos puntos fueron un triple de Campazzo sin nada en juego) para cerrar el partido, dejando una imagen de superioridad absoluta. Es muy pronto para sacar conclusiones de cara al resto de la temporada, pero lo que está claro es que un Barça motivado es un equipo mucho más peligroso que la temporada pasada. El trabajo de Pesic a nivel mental, además de sus rápidas respuestas desde el banquillo, están devolviendo a este equipo la garra que tuvo años atrás.

Por su parte, el Real Madrid cierra una intensa gira de cinco partidos en nueve días de una manera agridulce. Las dos derrotas para finalizar este periplo no deben sacar de quicio a un Madrid que estaba firmando una temporada prácticamente perfecta hasta el momento. Estas victorias cuentan, y mucho, para Barça y Madrid… Pero esto es muy largo.