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La Euroliga deparará de nuevo pocas sorpresas este año/ Foto: El país

ANÁLISIS | La Euroliga pasa factura

Comienzan a producirse los primeros sinsabores

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El desgaste que supone compatibilizar la liga doméstica y la máxima competición continental, la Euroliga, comienza a pasar factura a los cuatro equipos españoles, aunque no a todos en la misma medida. Analizamos cómo está en cada caso.

Hace algunas semanas, en la jornada 7 la Liga Endesa dictaminaba que no quedasen equipos invictos en la competición (los dos trasatlánticos del baloncesto nacional sucumbían ante bloques con mucho menor entidad pero mayor frescura). Ya en la octava, un Baskonia que parecía intratable en su pegada caía de forma contundente en el principado (en una semana donde precisamente a punto estuvieron de derrotar a todo un Fenerbahce). Para culminar su particular via crucis, una derrota imprevisible ante Buducnost provocaba la salida de Pedro Martinez sin que su llegada la temporada anterior como salvador del equipo le sirviese de aval… La Final Four de 2019 en Vitoria figura como obsesión única de un Querejeta que volvía a llamar a Perasovic para apagar un nuevo incendio. Mientras tanto, Gran Canaria (debutante este año en la máxima competición en europa) trata de encontrar su rumbo en ACB con apenas dos victorias en 9 jornadas.

Temporada nueva, mismos problemas

En el fondo el debate y la cuestión de fondo son los mismos de las últimas temporadas. Sólo las plantillas profundas en su rotación en cuanto a calidad y experiencia son capaces de responder a la exigencia física que suponen los largos desplazamientos y semanas con hasta 3 enfrentamientos (entre liga doméstica y Euroliga). Y como ejemplo, un botón. Todo un FCB Lassa lleva varias temporadas fracasando en este cometido pese a contar con uno de los mayores presupuestos del baloncesto nacional y europeo. Por no hablar de otros clubes de calado en ACB como Valencia o Unicaja, que han sucumbido del mismo modo en los diversos proyectos que han tratado de gestionar en ambos frentes.

No se trata de acertar con algunos de los jugadores, se trata de que todos y cada uno en el roster sean capaces de responder a las expectativas. Y por supuesto que a la desgracia -en forma de lesiones- no le dé por establecerse en tus inmediaciones (si tienen alguna duda, pregunten en La Fonteta…).

Barça Lassa
Foto: Euroleague.net

Una vía a estudiar

Hace apenas unos meses un histórico del basket continental como Maccabi Tel Aviv difundía una noticia en la que se valoraba la posibilidad de mantener dos plantillas de jugadores paralelas para afrontar la liga israelí y la Euroliga. Lo que parecía un globo sonda para testar la reacción de las competiciones (y la de su propia afición) pretendía dar respuesta a una problemática que en el caso de este equipo es especialmente compleja.

La estricta regulación de su torneo doméstico obliga a incluir un mínimo de jugadores nacionales (los famosos cupos) en sus plantillas. Los resultados en Europa del equipo macabeo en las últimas temporadas han sido decepcionantes para un club acostumbrado a entrar en las finales a cuatro de forma más que habitual.

Con esta base, se pretendía fichar un bloque de profesionales paralelo (incluyendo el staff técnico) para competir en Europa con el que recuperar el prestigio perdido (recordar que desde su último entorchado en 2014 no alcanza la Final Four). Por los motivos que fuere, el proyecto no ha llegado a buen puerto, pero que nadie descarte que cobre forma en el medio plazo si los resultados no llegan (y de momento, no lo están haciendo).

Los números

Para valorar la dimensión que tiene competir en Euroliga en una temporada completa (y no estamos hablando meramente de participar), hay que calcular el número de enfrentamientos potenciales en caso de ser finalista en todas las competiciones. Pongamos por ejemplo, el de un club de Liga Endesa: sumando Supercopa de España, Copa del rey, ACB y Euroliga alcanzamos un volumen superior a los 80 encuentros. Cifras similares a las que los equipos NBA disputan en su Liga regular (al que habría que sumar sus playoffs). Franquicias que cuentan con plantillas de más de 15 profesionales, aparte de la posibilidad de recurrir a las Ligas de Desarrollo con los jugadores que disponen de los cada vez más habituales two way contract

Pero si lo que se quiere es dar con la fórmula del éxito, más que inventar nuevas vías lo sensato sea probablemente acudir a alguno de los modelos con mejores resultados en las últimas temporadas. En las últimas 5 ediciones de la máxima competición continental, sólo el Real Madrid ha logrado reeditar título (2015 y 2018, tras ser asimismo finalista es las ediciones de 2013 y 2014), mientras Maccabi, CSKA y Fenerbahce han conseguido un entorchado (el equipo otomano además fue finalista en 2016 y semifinalista en 2015). Los de Pablo Laso y Velimir Obradovic son además los grandes candidatos a alzarse con un nuevo entorchado en 2019 en la capital alavesa. Proyectos en ambos casos cocinados a fuego lento, y donde no sólo el presupuesto es un común denominador.

Gabriel Deck entra a canasta ante Marko Todorovic en un Real Madrid – Divina Seguros Joventut. Foto: Real Madrid.

Un caso aislado

En el caso del club blanco, la directiva entregaba la batuta de su sección de baloncesto a Pablo Laso en 2011 tras una travesía por el desierto de una década en la que apenas se conseguían 2 Ligas ACB y 1 Copa ULEB (actual Eurocup). Pese a perder en los últimos años a varias estrellas de nivel continental (Sergio Rodríguez, Nicola Mirotic, Luka Doncic…), su nivel competitivo apenas se ha resentido. Alberto Herreros ha conseguido prácticamente la cuadratura del círculo.

Para empezar, mantiene una estructura sólida (Llull, Reyes, Rudy Fernández, Carroll, Taylor, Ayón, Thompkins) como pegamento  en cada nueva reinvención del equipo. Auténticos especialistas capaces la mayoría de ellos de decidir un partido por sí mismos. Y para rematar la faena, ha acertado casi siempre en las incorporaciones: Campazzo, Randolph, Causeur… han encajado milimétricamente en el equipo y son piezas clave a día de hoy.

Por no hablar de los más noveles. Tavares -que llegó de forma interina para suplir la lesión de Kuzmic y acabará sustituyéndolo -, es hoy por hoy el interior más determinante del continente. Gabriel Deck ha sabido encontrar su rol en la rotación y aporta siempre con efectividad en los minutos que juega. Y Prepelic es de momento quien mayor ansiedad muestra por encajar en la rotación, aunque nadie duda de que su adaptación será progresiva (quizá como playmaker para dar descanso a Llull y Campazzo, como se ha podido apreciar recientemente)

Hasta 14 jugadores contrastados para no sufrir en la competición. Y por si no fuera suficiente, los jóvenes entran con asiduidad en encuentros puntuales para dar descanso a los primeros espadas. Yusta es el que mayor volumen de minutos disfruta, aunque Garuba y Pantzar aprovechan cualquier oportunidad para presentar su candidatura al futuro.

Dimensión NBA

Si contrastamos datos, probablemente estemos ante la estructura más cercana a una franquicia NBA fuera de esta competición. Algo que nos puede dar una aproximación del nivel económico y competitivo necesario para postularse como candidato a ganarlo todo.

A partir de aquí caben todo tipo de elucubraciones sobre si algún club europeo podría aspirar a competir (en su sentido más estricto) en la mejor liga del mundo. Algo totalmente inasumible a día de hoy por el condicionante geográfico de las distancias. Pero lo que sí que queda claro es que para hacerlo hoy en el viejo continente no caben medias tintas (que nadie se sienta ofendido por la expresión). Los números no aceptan interpretaciones.

Si uno osa opositar a la Euroliga, el reto es descomunal. Que nadie lo olvide.