PHILADELPHIA, PA - OCTOBER 25: Ben Simmons #25 and Joel Embiid #21 of the Philadelphia 76ers during the game against the Houston Rockets on October 25, 2017 at Wells Fargo Center in Philadelphia, Pennsylvania. NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that, by downloading and or using this photograph, User is consenting to the terms and conditions of the Getty Images License Agreement. Mandatory Copyright Notice: Copyright 2017 NBAE (Photo by Jesse D. Garrabrant/NBAE via Getty Images)

Philadelphia 76ers 2018-19: Continuidad para seguir creciendo

Esta temporada, clave para "The Process"

Joel Embiid, el ángel caído del cielo

Gracias Dios por haber permitido que el talento de «The Process», ya noveno mejor jugador de la NBA (según SI), no se haya desperdiciado como otros tantos interiores sin rodillas (Greg Oden, maybe). En dos temporadas, de las cuales una sólo jugó 39 partidos, se ha convertido en el pilar tanto defensivo como ofensivo de los Sixers, del sistema de Brett Brown y hasta del NBA Live 19, del cual este año es portada.

Por lo tanto, en mejor posición no se puede empezar la temporada. Joel Embiid afronta su tercer año como jugador profesional como un jugador ya maduro, líder de una franquicia que se encuentra en una dinámica ganadora y que, encima, tiene aspiraciones reales de hacer un buen papel en la Conferencia Este. Es decir, si Embiid sube, los Sixers suben. Sobre todo, esto es importante por el incremento de la cantidad de minutos de juego. Si «The Process» ha jugado de media 25,4 y 30,3 minutos en sus dos primeras temporadas en la NBA, se espera que juegue unos poquitos más en su tercera. Y con la subida de promedios que esto conlleva (promedia 23-11 en 30), quizás estemos hablando de… ¿candidato al MVP?

Ben Simmons… ¿ahora también tira?

Tan sólo una temporada ha necesitado el bueno de Ben para demostrarle a todo el mundo que es el futuro de la NBA. Sin secuelas de lesiones, sin excusas de haberse perdido su año rookie entero… Y como lo ha hecho desde que está en la universidad; con un sentido estético inconmensurable. ¿Hemos recordado ya que mide 2,08? Siempre es conveniente recordarlo cuando hablamos de él.

El “nuevo LeBron”, al menos el jugador más parecido a él que ha salido estos últimos años, afronta su segunda temporada con un poco más de calma ya que no tiene que salir de ningún problema físico ni tener que estar entre algodones por una posible recaída. Y afronta su segunda temporada, sobre todo, siendo consciente del crecimiento de toda la plantilla que hay a su alrededor. Digamos que su papel será el mismo que este año, pero un poquito mejor y más fácil. Tanto por prestaciones, como por números, como por estilo de juego. Es quizás esa estabilidad la que le va a permitir seguir creciendo como hasta ahora, sin cambios bruscos en el estilo de juego ni en el núcleo de talento.

Ahora le toca a él seguir explotando, le toca a él seguir mejorando y continuar esa senda ganadora que le va a llevar, si ninguna lesión se lo impide, a ser uno de los mejores jugadores de la década.

Los jugadores de rol, un paso adelante

Sin duda, una de las propuestas de valor más fuertes de «The Process» ha sido siempre esa legión de jugadores que secundan a las dos bestias, esa legión de jugadores que también ha sido formada con jugadores jóvenes que han ido progresando con el tiempo y se han convertido en jugadores de rol vitales para el equipo. Entre ellos, destacan y han de seguir destacando:

  • Darío Saric: Tercera temporada ya para el Croata. Con una mejoría bastante importante en se segunda temporada, se ha convertido, al menos por ahora, en el tercer jugador más importante de la plantilla, tanto por su talento ofensivo como su implicación en diferentes labores del juego. Digamos que, ese potencial de jugado todoterreno del que se hablaba hace unos años, está poquito a poco saliendo a la luz en unos Sixers que se amoldan perfectamente a lo que Saric puede aportar; anota (14,6 puntos), rebotea (6,7 rebotes), pasa el balón, defiende cada vez mejor, tira de tres a un muy alto porcentaje (39,3 %), juega en el poste, corre la pista… Esta temporada se le espera igual o incluso mejor.
  • Robert Covington: Para algunos el mejor 3&D de la NBA, para otros un tanto irregular… Lo que está claro es que, a un buen nivel, RoCo es un jugador clave en el esquema de los Sixers debido al rol que desempeña y la importancia que tiene en los cánones de la NBA actual. Si está bien, los Sixers ganan, pero si está mal, se les hace muy cuesta arriba. El ejemplo es claro; las semis de Conferencia Este del año pasado (6,8 puntos y 5 rebotes con un 26,8 % en TC y un 25 % en tiros de tres).
  • JJ Reddick: El año pasado vimos al mismo Reddick de siempre, con la misma mala defensa, la misma eficiencia para abrir la cancha y el mismo acierto desde la línea de tres puntos. Y aún a sus 34 años, firmó su mejor temporada anotadora en la NBA (17,1 puntos por partido). JJ tiene quizás un poquito menos margen de mejora, pero se espera este nivel, al menos, una temporada más. Luego habrá que buscar otro tirador, pero mientras funcione…
  • TJ McConnell: El base es el menos importante de todos, pero también realiza una labor muy importante. Él es el encargado de desatascar el juego desde el banquillo, ejercer de segundo organizador del equipo y cubrir los momentos en los que la defensa a Ben Simmons es más espaciosa debido a su pobre lanzamiento de tres. Además, también incrementa su nivel cada temporada, al igual que sus compañeros.

Markelle Fultz, ¿sigue siendo una incógnita?

Con, al parecer, todos sus problemas físicos superados y esta vez desde principio de curso, Markelle Fultz ha de demostrar este año que es ese jugador con tanto potencial que vimos en la Universidad de Washington. Habría entrado perfectamente en la lista de jugadores de rol, pero como aún no sabemos lo que aportará y si logra salir adelante a pesar de las dificultades, aún es pronto para hablar. El reto es, por lo tanto, de los preparadores físicos del equipo. Ya lo consiguieron con Embiid y con Simmons, pero estos eran jugadores mejor preparados físicamente. Y Fultz utiliza mucho su explosividad en su manera de jugar, algo que condiciona la recuperación.