Foto: Quinton Wash (hornets.com)

Charlotte Hornets 2018-19: En busca de la identidad perdida

Temporada nueva, vida nueva para Charlotte Hornets. El duro golpe que supuso el fracaso del año anterior deja paso a un nuevo proyecto que empieza sin presión… pero también sin saber cuál es el techo ni la dirección a seguir. Al menos, desde fuera.

Si se mira detenidamente la plantilla y se compara con la del año pasado, podemos comprobar que no ha habido revolución y el grueso de jugadores es el mismo que lleva años en el equipo. Y es que la reconstrucción no ha sido en las piernas, sino en la cabeza. Mitch Kupchak y James Borrego son los nuevos General Manager y entrenador respectivamente, y con ellos llegan nuevas ideas y nuevas formas de ver el baloncesto. Y ahí encontramos el verdadero objetivo de este equipo: la búsqueda de una identidad.

Con los Playoffs alejados sobre el papel y la firme intención, al menos de momento, de no acudir al Draft como si del maná se tratara, el practicar un baloncesto más adaptado a los nuevos tiempos, que haga disfrutar a un público que, ahora mismo, es de los menos enganchados a su equipo y pueda desarrollar al núcleo joven son las principales ambiciones. Puede parecer poca cosa pero cuando estás rodeado de un mar de dudas, encontrar un rumbo a seguir se convierte en tu salvación.

Para conseguir este nuevo estilo, se buscará por encima de todo mejorar la circulación de balón y ampliar el rango de tiro, aumentando la cantidad de lanzamientos de tres y desentaponando la zona. La juventud y dinamismo de Cody Zeller y Willy Hernangómez tienen como nuevo acompañante a Bismack Biyombo, formando un trío que no ejercerá tanta fuerza gravitatoria sobre el balón como hacía Howard y permitirá que el juego fluya. Desde la posición de ala-pívot, tanto Marvin Williams como Kaminsky tienen buena muñeca para ser útiles abriendo la cancha. Una alternativa que se plantea este año es Michael Kidd-Gilchrist de “4”, algo a lo que Clifford no se llegó a atrever y que puede hacer que el equipo gane en velocidad y se corrija el problema de tener un alero sin ningún tipo de amenaza en el tiro, sin perder su excepcional defensa.

Por fuera, el panorama es diferente: probablemente hay más talento, pero menos rotación. Con Kemba dirigiendo el equipo, se ha fichado a Tony Parker para que haga de brújula cuando el balón queme y las piernas tiemblen y se cuenta con el descaro del rookie Graham. Y, en las alas, Batum volverá a ser el jugador multiusos tanto en ataque como en defensa, pero debe dar un paso más en importancia que el año pasado; su contrato obliga. Junto a él, también con la obligación de mostrar más, aparece un Lamb que durante la temporada pasada ya mostró lo que es capaz, aunque de manera irregular. En su último año de contrato, con la titularidad al alcance de la mano y un estilo que le debe beneficiar es uno de los nombres a seguir en esta plantilla. Para la segunda unidad, la juventud se impone con Malik Monk, Bacon y sobre todo Miles Bridges. Tras un mal primer año, la fe sigue puesta en los dos primeros, especialmente en Monk, aunque su indolencia le puede volver a pasar factura. Y por último, Miles Bridges asoma la cabeza con su terrible físico y grandes cualidades. Un jugador fuerte en defensa y con muchas posibilidades en ataque que no parece tener ningún miedo a fallar. Además su versatilidad le permite adaptarse a varias posiciones y añade flexibilidad a una plantilla que, hasta ahora, tenía los roles muy definidos.

En principio, esta debería ser una temporada de transición pero hay demasiados nombres para los que la temporada significa mucho: Lamb y sobre todo Kemba en último año de contrato, Kidd-Gilchrist y Batum en el punto de mira de las críticas, el trío de pívots a la espera de dar el salto de calidad que de ellos se espera, el caso Monk…

Así pues, aunque las aspiraciones sean encontrarse a sí mismos, la juventud del plantel combinada con algunos veteranos como Parker o Williams y los nuevos vientos que pueda traer Borrego hacen que el interés general vuelva a mirar de refilón a Charlotte con una duda: ¿comienzo de proyecto ganador o travesía por el desierto?

Dejar atrás el pasado

 Charlotte viene de una temporada en la que la casa se vino abajo sin posibilidad de escapar. La herida parecía sangrar por más sitios de los que se podían tapar. La apuesta fue fuerte, llegó Dwight Howard y la tabla salarial quedaba comprometida tanto para ese año como para el siguiente. Sin embargo, la temporada no fue como se esperaba. El pívot se juntó con su gran valedor, Steve Clifford, con la misión de actuar como ancla defensiva y ser dañino en el pick&roll con Walker. Y no se puede decir que le fuera mal, ya que su nivel individual fue muy bueno (16.6 puntos y 12.5 rebotes y dejando algunas actuaciones muy brillantes), pero no supuso el salto de calidad que el equipo esperaba.

Tampoco Michael Carter-Williams, la otra incorporación del pasado verano para sostener una segunda unidad hueca desde que se fuera Jeremy Lin. Dejó un buen sabor de boca, perdido entre lesiones y malas sensaciones: jugó 52 partidos en los que promedió 4.6 puntos, 2.2 asistencias, 2.7 rebotes y un pírrico 36.5% en tiros de dos que empeora si miramos sus tiros de tres, sólo un 23.7%.

Así pues, la temporada transcurrió siempre con los Playoffs en el punto de mira, pero sin llegar a ser una posibilidad real, dejando una campaña intrascendente que más que por su baloncesto, fue más interesante por la ristra de cadáveres que dejó por su paso: primero los rookies Monk y Bacon dejaron de contar, después fue el General Manager Rick Cho el que acabó despedido una vez saltó la bomba de que buscaba un traspaso para su estrella y alma mater de la franquicia, Kemba Walker y por último, y una vez acabada la temporada fueron el entrenador Clifford y el propio Howard quienes abandonaron, forzosamente, la nave. El pívot, por cierto, en un traspaso a cambio de un poco de espacio salarial, dos segundas rondas, y un Mozgov que volvió a ser traspasado tan sólo unos días después. Apuesta arriesgada que ha terminado con una temporada regalada al olvido y un escaso botín.

Estadísticamente la temporada pasada fue el reflejo de lo que pretendía el equipo, es decir, fue un equipo fuerte en el rebote, donde sólo Sixers y Lakers le superaron en este aspecto, pero la manta era corta y no se pudo llegar a tapar todo. Si bien la zona fue bien protegida, esto dejó el perímetro desprotegido, lo que supuso que en el apartado de robos el equipo fuera el 28º de toda la liga (sólo dos peores en toda la NBA) e, importante, el 27º en triples recibidos. Pese a ser un equipo que priorizaba la defensa y con auténticos especialistas exteriores como Michael Kidd-Gilchrist o Batum, Charlotte fue acribillado a triples por parte de sus rivales.

Por otra parte, el ritmo de juego que hasta ahora había sido muy lento, aumentó muchísimo durante la segunda mitad de la temporada buscando un cambio de tendencia que no llegó, quedando como el octavo equipo que más corrió. Esto, sin embargo, no ha evitado que tanto el rating ofensivo como el defensivo global quedara en mitad de tabla (13º y 16º respectivamente de la liga), es decir, en plena intrascendencia también este sentido, reflejo total de lo que fue el año.

Búsqueda espiritual en Carolina del Norte

Para este año, el objetivo básico y fundamental al que se enfrenta la franquicia de Carolina del Norte es claro: construir una identidad. Si por algo se ha caracterizado Charlotte Hornets estos años con Steve Clifford al frente es por quedar como uno de los grandes defensores del baloncesto clásico, donde las posiciones de cada uno estaban muy marcadas, el quinteto inicial se podía recitar de memoria sin riesgo de error, preponderancia del rebote aunque eso suponga exponerse a los triples rivales, y cuidar mucho las pérdidas de balón. Sin embargo eso ha cambiado, y la renovación hacia un baloncesto más moderno y adaptado a los nuevos tiempos fue uno de los requisitos fundamentales que propiciaron la elección de James Borrego como manager.

Además de ello es difícil, hoy día, saber si la intención desde la gerencia es la de crear un proyecto que mire hacia arriba con el núcleo joven de que ya se dispone o la idea es pensar más bien en el Draft y tomarse el proyecto como algo a largo plazo.

Sin embargo, y pese a que el nivel de la Conferencia Este sea más bajo, parece que los Playoffs serán difíciles de alcanzar esta temporada. Desarrollar a los jóvenes que ya están en plantilla (Monk, Hernangómez, Graham, Bridges,…), crear un estilo más atractivo y eficiente y empezar a construir un proyecto nuevo que no necesite de una eterna travesía por el desierto para aspirar a cotas altas deben ser los objetivos en esta temporada que va dar comienzo.

Kemba Walker, clásico capitán

Una vez más, todo en Charlotte girará en torno a Kemba Walker. El base que año tras año venía mostrando una progresión enorme, vio como esta se estancaba mínimamente la última temporada, pero eso no evitó que se fuera hasta los 22.1 puntos y 5.6 asistencias con un 46.9% de acierto en tiros que se queda en un muy buen 38.4% si solo contamos los triples, pese a que es uno de los jugadores que más lo intenta. Además, cargó con la responsabilidad del equipo y eso se pudo ver en sus porcentajes ya que durante la primera mitad de los partidos promedió hasta un 42.5% de acierto en triples, mientras que en la segunda mitad este acierto se redujo al 34% como consecuencia, entre otras, del cansancio acumulado.

Todo esto provocó que volviera a ser All-Star por segunda vez, si bien no estuvo seleccionado en un primer momento y su presencia se debió a lesiones de otros elegidos. Además, la grada lo tuvo claro y estalló contra Rick Cho cuando este le colocó el cartel de transferible y se convirtió en el máximo anotador histórico de la franquicia superando a un mito como Dell Curry (padre de Stephen y Seth Curry).

Este año, y en medio de continuos rumores, debe volver a ser la clave del proyecto y el factor diferencial si se quiere aspirar a algo que no sean las últimas posiciones de la liga. Con el objetivo de darle un merecido descanso ha llegado Tony Parker, aunque hay dudas sobre lo bien que pueden encajar los dos a la vez sobre la cancha. Además, otros jugadores como Jeremy Lamb, Nicolas Batum o un Monk que el año pasado casi no gozó casi de oportunidades, deben aparecer y compartir con él la responsabilidad de llevar a buen puerto este nuevo proyecto.

Y en el horizonte, el nuevo contrato. Seguramente, estos años de Kemba hayan sido el de la auténtica ganga de la NBA ya que se trata de toda una estrella que únicamente cobra 12 millones anuales, pero este año el chollo se acaba. Una vez acabe la temporada, Walker se convertirá en agente libre sin restricciones y, aunque ya haya dicho que quiere seguir en Charlotte, la franquicia de Michael Jordan deberá rascarse el bolsillo. De que continúe o mejore el nivel dado hasta ahora, o no, dependerán los millones que pueda ganar y los equipos interesados en él. Una motivación más para rendir al nivel que se le presupone: una auténtica estrella que debe cargar con el peso de la franquicia sobre sus hombros.

Lo que está claro es que este año tampoco faltarán sus crossovers, sus reversos y su magnífica lectura de bloqueos, con Zeller o Willy como grandes beneficiados. Cojan entrada porque Kemba Walker promete seguir levantando a la gente de sus asientos.

Terremoto en las oficinas

Como hemos venido diciendo, en Charlotte ha habido cambios en casi todos los niveles. El que fuera campeón con Los Ángeles Lakers, Mitch Kupchak es el nuevo General Manager en detrimento de Rich Cho y con él ha llegado James Borrego, que cuenta con escasa experiencia dirigiendo un banquillo (30 partidos como interino en Orlando Magic) pero con el aval de la escuela Popovich, con el que ha compartido 10 años.

Borrego ocupa el puesto de Steve Clifford, un entrenador muy querido tanto por aficionados y jugadores como por la prensa y que ha sido el único entrenador que ha tenido este equipo en su breve historia después de su refundación como Charlotte Hornets tras la experiencia Bobcats. Sin duda el cambio es importante, pero los dos últimos años obligaban a ello.

Sobre la cancha también ha habido cambios ya que el gran fichaje del año pasado, el pívot Dwight Howard ha sido traspasado a Brooklyn Nets para acabar finalmente en Washington Wizards. El rendimiento individual de Howard fue muy bueno, siendo el segundo jugador más importante del equipo, pero su estilo no casa con el nuevo entrenador y mucho menos su contrato. A cambio llegó Timofey Mozgov pero no llegará a debutar debido a que volvió a ser traspasado, esta vez para recibir a un viejo conocido: Bismack Biyombo. El gigante congoleño competirá por un puesto con Cody Zeller y el español Willy Hernangómez.

Otro cambio destacable es que el también fichaje del año pasado, Michael Carter-Williams, no ha sido renovado tras no cumplir las expectativas y su hueco como base suplente ha sido llenado por toda una leyenda de la NBA, el francés Tony Parker. El exjugador de San Antonio Spurs llega con un currículum de ensueño (4 veces campeón de la NBA, siendo MVP de las finales en 2007; 6 veces All Star, 3 veces en el segundo mejor quinteto de la NBA y una vez más en el tercero; MVP del Eurobasket y dos bronces, una plata y un oro con selección, entre otras) y la intención de ser importante desde el minuto uno. La experiencia y saber estar de Parker puede ser vital en un equipo joven y que ha pecado de endeble muchas veces, llegando a ser el año pasado el equipo con peor balance en partidos apretados.

Además de ello, no podemos olvidar el Draft, en el que Charlotte Hornets consiguió a Miles Bridges (tras un traspaso con Clippers) y a Devonte’ Graham. Bridges es un jugador atlético que puede jugar tanto de tres como de cuatro abierto y cuya principal virtud es la capacidad que tiene para atacar el aro y para defender a jugadores de casi cualquier posición. Por parte del base, Devonte’ Graham, peleará con un puesto con la estrella Kemba y el ya mencionado Parker, por lo que no lo tendrá nada fácil. Sin embargo, su buen hacer en la Summer League hasta su lesión y por las referencias de sus años en la Universidad, se espera bastante de él de aquí a unos años. Talento tiene, veremos si el físico no le penaliza mucho en una liga tan exigente con los bases.

Por último, tras la salida tanto de Treveon Graham como de Mangok Mathiang, también vía Draft Charlotte Hornets consiguió a J.P. Macura y al lituano Arnoldas Kubolka, los cuales se combinaran con el equipo de la G-League.

La plantilla