LEBRON JAMES ESTÁ REALIZANDO UNO DE LOS MEJORES PLAYOFFS DE SU CARRERA. ERIK DROST (CC)

LeBron James en perspectiva

¿Por qué ha conseguido LeBron llegar a siete Finales seguidas?

LeBron James
LeBron James está realizando uno de los mejores PlayOffs de su carrer – Erik Drost (CC)

Que quede claro, James es el mejor.

Escribir algo malo sobre el juego de LeBron James a estas alturas de la vida y de su carrera NBA parece poco menos que un absurdo.

Siete finales de la NBA seguidas, máximo anotador de la historia de los playoffs, tres anillos de campeón, cuatro MVP’s de la temporada regular… y con solamente 32 años!

A todo esto hay que añadir que tiene una vida privada ejemplar, alejada de cualquier polémica o de excentricidades típicas de estas estrellas, y que su comportamiento en el parqué también es casi impoluto (… flopping aparte). Ningún bailecito cuando mete un triple, ni miradas amenazadoras o burlescas cuando machaca sin piedad…

Con todo esto, y por lo que vemos cada noche que pisa una cancha, quedan pocas dudas de que es el mejor jugador de baloncesto de la última década y el mejor desde que se retiró Michael Jordan (fans de Kobe Bryant, perdonad la osadía). Es casi una certeza decir que, a estas alturas de su carrera, podría ser considerado ya perfectamente un TOP-10 y entrar en un debate intenso sobre si pudiera ser ya un TOP-5 de la historia de la NBA… repito, con 32 años! (hay quien defiende que ya sería el segundo mejor jugador de todos los tiempos).

Lo que sí me inquieta es que apenas vea sectores críticos ante ciertos factores que han influido notablemente en su trayectoria y que son muy rebatibles en mi opinión. Y también veo azotes indiscriminados a otros jugadores que han hecho lo que él empezó, mientras que él se va de rositas. Sin hablar, claro, de comparaciones con los más grandes (MJ) tergiversadas y sesgadas, para dar más lustro a la carrera del astro de Ohio. Así que, desde mi humilde (y según muchos de mis amigos, equivocada) opinión, voy a escribir un artículo sobre lo que nunca se ha juzgado de LeBron y el porqué de muchas cosas.

Ni Boston, ni Durant. Él empezó la era de los superequipos

Kevin Durant dejó Oklahoma después de caer 4-3 (dejándose remontar un 3-1) en las Finales de Conferencia Oeste ante los Warriors el año pasado. Después de esa misma temporada, se unió a los Golden State Warriors (que perdieron la final ante los Cavs) para formar la mejor plantilla que se recuerda.

Le llovieron críticas. Y más que eso. Quedó defenestrado para la gran mayoría de fans de la NBA. No ha podido con su enemigo y se une a él, decían. Es de cobardes, argumentaban unos, ha dejado tirado a su compañero Westbrook, decían los otros. Los Warriors venían de marcar el histórico 73-9 en la temporada regular y ese año añadieron en su roster a un MVP, casi nada. «La moda de los superequipos, indignante, no puede ser» decían los aficionados.

A lo largo de este año, hemos visto como Kevin Durant ha pasado a ser uno de los jugadores más odiados por irse a un equipo que ya tiene ese sambenito (y lo tiene por ganar y porque, a veces, parece que no saben hacerlo). Cuanto odio junto. Y qué mal repartido. Yo soy de los que piensa que Durant no escogió el camino fácil. Con este equipo solo hay un objetivo, el anillo. Todo lo que sea inferior a eso será un rotundo fracaso, con todos los focos apuntándole a él. Mucha presión.

Si las críticas que le llovieron fueron por crear un superequipo, quizás los fans deberían recordar quién empezó esta moda. Sí, fue LeBron James.

Algunos me recordarán el Big Three de Boston, pero no es para nada comparable. Pierce, Garnett y Ray Allen se reunieron en plena madurez de sus carreras, una vez sobrepasados los 30 años cada uno de ellos, y después de unas largas y exitosas carreras en sus respectivos equipos de 11 años en el caso de Allen y de 12 en el caso de Garnett. LeBron James se fue a Miami con 24 años después de estar 7 temporadas en Cleveland. Kevin Durant se ha ido a los Warriors con 27, después de 9 temporadas en los Thunder. Podríamos decir que ha sido tres años o dos temporadas más paciente que «El Rey».

La decisión. La marcha a Miami

Otras voces dicen y comentan que era lógico que LeBron se fuera. Que esos Cavaliers eran una banda y que no tenían nivel. Ante estas afirmaciones, solo dos datos rápidos: 66-16 y 61-21, son las dos últimas temporadas regulares de LeBron con los Cavs antes de la «espantada». No creo que sean récords al alcance de una banda. Es más, son mejores que cualquiera de los tres años de James después de su regreso a la capital de Ohio. Lo que no estaba en el guión era caer contra los Magic de Dwight Howard en la Final de Conferencia y contra unos veteranos Celtics en segunda ronda.

Al final de esa eliminatoria, Kevin Garnett le comentó a LeBron que no esperara tanto en irse a ganar anillos como hizo él. Quizás esa revelación es la que le dio el empujón definitivo a su decisión, quién sabe.

Pocos se acuerdan también del número mediático que montó para decir que llevaba «su talento a South Beach«. Una hora de programa en prime time para que todo el mundo supiera su elección. Fue un gran show, no cabe duda. Como tampoco hay dudas sobre que tuvo poco tacto con los que eran hasta entonces sus aficionados. Hecho criticable del que ya nadie se acuerda.

El Rey del Este

Y ahí es donde empieza el reinado de LeBron. Pero este reinado habría que matizarlo. Su reinado es exclusivamente en la Conferencia Este. Dwyane Wade, Chris Bosh y LeBron James. Y todos rondando los 25. A mi, personalmente, dos anillos en cuatro años me parecen hasta pocos viendo a estos tres jugadores juntos y sabiendo en la conferencia que estaban. Porque sí, esta es otra. La debilidad de esa Conferencia ha llegado a ser hasta vergonzante si la comparamos con el casi siempre salvaje Oeste.

Repasando sus siete Finales seguidas vemos como el único rival con cara y ojos que ha tenido LeBron en las Finales de Conferencia fueron los Pacers de Paul George, Stephenson, West y Hibbert. Dos años seguidos complicándoles la vida a los de Florida. Mucho mérito. Antes vinieron los Bulls liderados por el MVP más joven de la historia, Derrick Rose, sin experiencia en estas lides, y por unos ya pasados de maduros Boston Celtics.

Esa marcha a Miami, de paso, desmanteló tanto a Toronto como a los propios Cavs. Miami se quitó de enmedio dos rivales competitivos.

Ahora bien, en el último año de LeBron con Miami, las rodillas de Wade empezaron a flaquear y se llevaron un monumental repaso en la Final de la NBA por parte de los eternos San Antonio Spurs de Gregg Popovich. LeBron James estuvo prácticamente solo en esos playoffs. Wade y Bosh decayeron tanto su nivel que toda la responsabilidad recayó en el de Akron. Este respondió, pero fue su último servicio para los de Florida.

Regreso a Cleveland

¿Y qué hizo LeBron después de ver eso? En mi opinión, huyó. Sí, tal cual. Pero lo tenía todo bien estudiado. Si algo no es LeBron, tanto dentro de la cancha como fuera, es tonto. Los Cavaliers, mientras él no estuvo, empezaron a coleccionar números uno del draft (Irving, Bennett y Wiggins). Nadie era ajeno a esa suerte, y LeBron menos que nadie.

Y en una jugada maestra, decidió volver. Lo adornó con una sentida carta emotiva a la que fue e iba a ser de nuevo su afición, alegando que los cuatro años en Miami fueron para aprender cómo se ganaba y para jugar con sus amigos. Y que su sueño siempre fue brindar a una afición colmada de derrotas algún triunfo histórico.

Desconozco si el hecho que se fuera fue porque ya no era amigo de Bosh ni de Wade (no lo creo ni ha habido reproches por parte de ellos, que quizás se sintieran responsables de no acompañar físicamente las exigencias de Bron, pero haciendo algo parecido, a Ray Allen sus compañeros lo desterraron de Boston), o de si su amor por Ohio era tan enorme como destilaba la carta (llegó a escribir que se arrepentía de las formas en las que se fue. Algo lógico). Pero yo creo, y repito, es mi opinión (nunca he hablado con LeBron cara a cara sobre el tema) que se fue porque en Miami vió que ya no era posible ganar y que en Cleveland podía formar una plantilla para luchar por el campeonato.

Y todos esos número 1 del draft tienen la culpa. Dudo muchísimo que LeBron hubiera vuelto si los Cavs no hubieran tenido estos a Kyrie Irving. Cambió a un maltrecho Wade por el jovencito y talentoso base. Después, buscó un nuevo Bosh. Y lo encontró en Minnesota. Andrew Wiggins, con un pedigree superior cuando aún no había debutado al que tiene hoy, fue la principal moneda de intercambio para traer a Kevin Love y formar otro terrible Big Three.

La peor de las conferencias 

James ya había conseguido cuatro piernas más jóvenes para seguir reinando en el Este tres años más. Eso sí, en el peor Este de la historia. Las tres últimas finales de Conferencia de LeBron y sus Cavs después de volver este han sido contra Atlanta Hawks (donde Jeff Teague fue el mejor), Toronto Raptors y los Celtics de Thomas. Los tres, equipos admirables en cuanto a esfuerzo y sacrificio, difícilmente pasarían de cualquier primera ronda en el Oeste. Y eso hablando solo de las Finales de Conferencia, imaginaos las dos primeras rondas…

Es cierto que los Warriors han roto la baraja en el Oeste con el fichaje de Durant, un Oeste que era un polvorín y el gran animador de la NBA en los últimos años, y esto ha hecho muy evidente la descompensación de la liga, pero la otra conferencia lleva descompensada años, y nunca nadie puso el grito en el cielo.

Sobre las comparaciones con Jordan ya no hablaré, primero porque este artículo ya es demasiado largo, segundo porque son ridículas y descontextualizadas.

Así pues, y como conclusión, en cuanto a juego LeBron James es lo mejor que han visto mis ojos (que no llegaron a ver a MJ en su plenitud y dejando al margen mis debilidades y fetiches personales). Pero creo que su impoluta trayectoria merece un cierto sector crítico, dándole otro enfoque o punto de vista, sin desmerecer por supuesto su innegable valía como jugador de baloncesto.

Espero no haber ofendido a nadie, aunque no es desventurado pensar que muy poca gente que lea este artículo estará de acuerdo con él, pero bueno, al fin y al cabo, es tan solo una opinión. La mía, en este caso.