Por | Twitter: @peitx15 | 18 mayo, 2017
Fernando Lataillade (SB)

La palabra revolución indica un cambio abrupto y radical. Las revoluciones se han producido a lo largo de la historia cuando formas novedosas de percibir el futuro han desencadenado un cambio profundo en un campo determinado. La NBA, por supuesto, no queda exenta de revoluciones.

El fin de una era

La evolución no es una tendencia emancipada sobre la que no tenemos ningún control y en la que nuestras opciones se limitan en aceptarla o, por el contrario, recusar de ella. Somos artífices participes de la metamorfosis y, consecuentemente, responsables del resultado presente. Para bien o para mal, el baloncesto moderno se ha alejado del juego que se practicaba en sus orígenes y, aunque algunos se nieguen a aceptarlo, su transformación no es más que una proyección del baloncesto que se deseaba. El detonante del primer cambio profundo se sitúa en la temporada 1979-80 cuando se decidió establecer la línea de tres puntos. Un punto sin retorno que pondría fin a la prolongada dinastía de los gigantes en la mejor liga del mundo. Como era de esperar, no fue un cambio instantáneo, sino que hicieron falta un par de décadas para que los colosos de siete pies   vieran como el inevitable proceso los relegaba a un papel secundario. David tumbando a Goliat y Russell, Kareem o incluso Shaquile demasiado mayores para evitarlo. Prueba de ello es que desde Shaq, ningún otro center puro ha vuelto a tiranizar la liga como él lo hizo, con permiso de Dwight Howard que solo fue una sombra del MVP del 2000. La pintura dejaría de ser la zona con más incidencia para convertirse en el plan B para cuando el juego exterior fallase.

Un nuevo comienzo

Los primeros síntomas de mutación se evidenciaron cuando Magic Johnson y Larry Bird atesoraron el cetro en la década de los 80’s. Jugadores capaces de hacer de todo. Anotar, asistir, rebotear, los primeros eslabones de lo que ahora conocemos como all-arround players, fundamentales para la exteriorización que ha ido adoptando el juego. Luego llegó Jordan, el jugador más mediático de todos los tiempos, y todos los niños soñaron con surcar los cielos para acabar colgándose del aro. Ahora, la revolución ha llegado a una nueva fase y los niños sueñan con meter triples desde medio campo (acérquense a cualquier entrenamiento de baloncesto base para comprobar lo que digo). Igual que en su momento Jordan y sus Bulls fueron un modelo de inspiración para las nuevas generaciones, los Golden State Warriors han sido un fenómeno que ha marcado un antes y un después en la evolución de este deporte y que han llevado la exteriorización del juego al siguiente nivel.

 

Los Grizzlies necesitan un cambio

Algunos se estarán preguntando -¿Pero este artículo no hablaba de los Grizzlies?- Tranquilos que ahora vamos. En los últimos años, en Memphis se ha implantado una filosofía que les ha permitido competir contra equipos mucho más sembrados de talento. La cenicienta que tumbó a los todopoderosos Spurs en 2011. Siete años seguidos clasificándose para los PlayOffs, incluyendo el año pasado (el del Suicide Squad) que tuvieron que reclutar jugadores de debajo las piedras para lidiar con una plaga de lesiones. Nada que reprochar. Este equipo ha conseguido más de lo que se podía soñar con los recursos que tenía. Todo gracias al GritNgrind, un estilo basado en la dureza y sacrificio defensivo. 

Pero seamos sinceros… Competir siempre viene bien pero lo que realmente importa es conseguir el anillo del prestigio. Se ha dado mucha guerra pero nunca han llegado a poder considerarse como un auténtico contender al título. Lo que voy a decir no gustará a todo el mundo pero si los Grizzlies quieren optar a ser campeones en el futuro, deben cambiar su sello identitario y optar por un esquema que contemple una formula más alegre y ofensiva. No es sencillo. Cabe recordar que hablamos de una de las franquicias más jóvenes de la NBA, poco atractiva geográficamente y que en materia de mercado está bastante limitada. Un conjunto que actualmente tiene una plantilla demasiado envejecida como para albergar ese futuro prometedor suficiente atractivo para reclutar nuevos talentos en la agencia libre, pero sí capacitada para clasificarse en puestos de PlayOffs, renunciando a los beneficios del Draft. Los aficionados de los Grizzlies deben armarse de paciencia, la reconstrucción a corto medio plazo se prevé bastante lenta.

No obstante,  deben asumir que los años dorados del GritNGrind han tocado su fin y que la NBA ha cogido un billete de ida sin retorno. Es muy molón ver este modelo de equipo, una reliquia de la old school, un espécimen en peligro de extinción que muchos querían proteger a toda costa. Pero como dijo Bob Dylan, The times are changing y el éxito pasa por adaptarse o morir. No hace falta renunciar a todo. Defender duro y dejarse la vida en la cancha siguen siendo requisitos indispensables para ser un equipo con aspiraciones. Pero en este cambio de paradigma, en el que el smallball es cada vez más frecuente, no pueden depender tanto de su juego interior e ir arrastrando año tras año el suspenso en la asignatura del triple

Fizdale es consciente de ello y este año ya ha apostado por un quinteto más pequeño sustituyendo a Zach Randolph por JaMychal Green. Pero esto no es suficiente para escapar del espiral de mediocridad en el que están sumergidos. El cambio conceptual tiene que ir acompañado de un arduo trabajo en los despachos. Por un lado se puede optar por alargar este proyecto. Lo que significa verse limitados por un espacio salarial exiguo, depositar mucha confianza en su talento joven, que no se intuye muy prometedor, o pujar fuerte en la agencia libre que siempre ha sido un terreno hostil para los osos. Otra opción es traspasar sus estrellas a cambio de picks del Draft o jóvenes promesas. Una reconstrucción lenta pero con más visión de futuro. Sin embargo, draftear es un arte y los Grizzlies no fueron grandes artistas en el pasado. ¿Hasta dónde habrían llegado si no hubiesen escogido a Hasheem Thabeet en segunda posición de 2009 por delante de Stephen Curry, James Harden o DeMar DeRozan? Renunciar al presente para apostar por el futuro no siempre sale bien y su precio se paga muy caro. Aún así, es una opción que deben tener en cuenta si quieren dar un giro a sus aspiraciones. Lo que está claro es que si quieren dejar de ser simplemente un digno contrincante tienen que acoplarse a los dictámenes de la nueva NBA y no tener miedo de cambiar lo que, hasta ahora, ha sido inquebrantable. Es tiempo de decisiones.