Fuente: Keith Allison (CC)

Cómo Pat Riley alargó su carrera y salvó alguna más

El entrenador Sharman le ayudó a seguir jugando cinco años más

Pat Riley tiene una gran preocupación a la hora de escoger a sus jugadores, el físico. Fuente: Keith Allison (CC)

A lo largo de los años que Pat Riley ha estado en el banquillo, tanto en los éxitos como en los fracasos, siempre ha habido una constante. El estado físico de todos los componentes del equipo debe ser el propio de un superclase, sin importar su rol. Desde el momento en el que aterrizan en el equipo, los jugadores son sometidos a un estricto control de su forma física.

Tal y como cuenta el propio Riley, esto empezó nada menos que en 1970, cuando aterrizó en los Lakers:

«Fue en mi cuarto año. En mi primer encuentro con el entrenador Sharman, me dijo: «te he estado viendo, y me gustas. Sin embargo, si quieres poder formar parte del equipo vas a tener que tener la mejor condición física entre todos los jugadores en el training camp, pues lo que queremos es que entrenes contra West, Goodrich, Baylor y McMillian. Por tanto, tienes que poder entrenar lo más duro posible contra ellos«.

Y vaya si lo hizo. Corrió cuestas, hizo escaleras, jugaba al baloncesto todos los días… Semanas más tarde, llegó al training camp con tal estado de forma que Bill Bertka (asistente del equipo) sólo fue capaz de decirle: «¿qué diablos has hecho?». Por su parte, Riley respondió que tan sólo hizo lo que tenía que hacer. Desde entonces, «gané cada sprint, cada carrera. Lo hice todo, y jugué contra todos aquellos tíos. Y al final entré en el equipo». Esto permitió que alargara su carrera cinco años más.

Por supuesto, la influencia de Sharman le marcó como jugador, pero también como entrenador. Desde entonces, ha pedido a sus jugadores que su físico sea el de un jugador de primer nivel:

«Yo creo que un jugador no vale su salario hasta que intenta estar en la forma física de un superclase, aunque eso debería ser lo último que le tendría que pedir a un jugador profesional».

Con Pat Riley en los banquillos o como directivo, muchos han sufrido para lograr un hueco en el equipo, como él hiciera hace 45 años. Ike Austin perdió 28 kilos a su llegada a Miami, y tras una destacada temporada fue el M.I.P. de aquel año. Shaq, perdió en torno a 20, siendo clave en la consecución del primer anillo de los Heat. Ahora, Waiters, Johnson, Williams y Ellington son quienes han aprovechado la oportunidad de Riley para reivindicarse. Todos ellos han perdido grasa desde que el equipo les diseñó un programa individual a cada uno; y todos están de acuerdo en la enorme mejoría.

«No estaba en este estado desde la universidad», decía Ellington. «La diferencia con el resto de equipos es que esto se trabaja un par de semanas antes de la temporada y punto. En los Heat no. Nosotros lo trabajamos mucho toda la temporada con la idea de mejorar incluso a lo largo del año«.

«Cuando vi las fotos antes-después tras todo aquel trabajo, le envié un mensaje a mi prometida pidiéndole perdón por tener que aguantarme», aseguraba James Johnson, uno de los más revitalizados gracias al método Riley.

Cuando se lo plantean a los jugadores, más de uno se lleva las manos a la cabeza. Sin embargo, para Pat Riley es sencillo:

«Es una reflexión que tienen que hacerse ellos, sobre cómo de buenos quieren ser. Yo siempre hablo de «superclases». ¿Quieres ser un atleta superclase? Por el momento eres un jugador profesional de baloncesto. No serás un gran jugador hasta que no hagas lo que Usain Bolt hace, lo que hace LeBron James, lo que hace Kobe Bryant o lo que hace Steph Curry».

«Cuando les pides que bajen hasta el 6% [de grasa], la mayoría te dice que nunca había medido la grasa corporal. Normalmente no saben cómo funciona todo esto«.

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