miu3112 (CC)

La desaparición de los «one-team men»

El dinero y las ansias de éxito priman sobre la pasión por los colores

Fuente: miu3112 (CC)
Desaparece poco a poco la lealtad eterna a un equipo. miu3112 (CC)

Quizás sea que empiezo a quedarme atrás al ver cómo los ídolos con los que me apasionó el mundo del baloncesto estén dejándonos huérfanos a la gente de mi generación; puede que sea un romanticón empedernido al que le duele ver a leyendas salir por la puerta de atrás de su equipo tras toda una carrera dejándose la piel por sus colores. Sin embargo, cada día estoy más seguro de lo que digo: los «one-team men» son una especie en peligro de extinción.

En esta NBA del derroche, parece que ya no nos paramos a valorar el pasado. Todo lo que han hecho por su equipo jugadores como LeBron antes de abandonar los Cavs o Kevin Durant y Wade este verano parece desvanecerse por momentos (en algunos casos más que en otros). Tras años vaciándose por su ciudad, la franquicia le da la espalda o a veces es el propio jugador quien vende a su equipo por un puñado de millones más.

Podemos echar un vistazo atrás, a los Larry Bird, los Magic Johnson, Bill Russel o John Stockton y tendremos la sensación de no volver a ver jugadores así. Hoy en día, la ruptura equipo – jugador franquicia suele producirse de dos maneras. La primera ocurre con la explosión del mismo jugador. La subida del caché suele provocar la aparición de numerosas «novias» dispuestas a pagar cifras desorbitadas con tal de hacerse con sus servicios. Normalmente, igualar esas ofertas conllevaría hipotecar el futuro a corto plazo de la organización, por lo que al ofrecer menos dinero, la emergente estrella hace las maletas para ver cómo su cuenta se llena de ceros.

El otro caso, y, a mi modo de ver, el más doloroso, se encuentra precisamente en el declive del jugador. Cuando este, que normalmente ya cuenta con el típico estatus de «eterno capitán» o «leyenda viva» de la franquicia, deja de ofrecer lo que aportaba por las fuerzas de la naturaleza, la franquicia le pega la patada para pagar a nuevas estrellas. Al final de temporada los jugadores solo son números, estadísticas y salarios. Cuando la productividad baja y al GM de turno le da la perreta por fichar al nuevo crack de la temporada, da igual quien hayas sido si ahora tienes 36 años y quieres ganar 10-15 millones: gracias por jugar y hasta la próxima.

Es especialmente en esta tesitura cuando mi cabeza empieza a colapsar. Ese tío ha representado al equipo durante años, es el ídolo de todos los fans del equipo. ¿No puedes sacrificar unos millones durante uno o dos años más? ¿Acaso no se lo merecen? También al revés: ¿cómo puedes irte cuando solo te queda uno o dos años más? Has ganado más de cincuenta millones, ¡50!, con toda seguridad (y quién no en la NBA de hoy en día), ¿no puedes renunciar a dos millones extra para retirarte por todo lo alto como una leyenda de verdad? Pues está claro. Cuando el egocentrismo, tan americano como las hamburguesas o la Estatua de la Libertad, aparece, la respuesta siempre es un «NO» rotundo a renunciar a un solo centavo.

No necesitamos irnos ni más de un mes atrás para verlo. En esta agencia libre, hemos visto las dos opciones. La marcha de Durant dejó medio huérfana a Oklahoma, quien al menos aún conservan a Westbrook, por el momento. El resquemor que causó no fue exactamente por el hecho de haberse ido, sino a dónde y por qué. Irse a los Wizards hubiera sido totalmente comprensible, no sería el primero que se va para jugar en su ciudad natal, tampoco si hubiera elegido proyectos como el de Miami, quien le ofrecía empezar un proyecto de cero con nuevas estrellas. Sin embargo, decidió irse a lo fácil. Eligió irse al equipo favorito para serlo aún más. Aunque totalmente legítimo, tal y como decía nuestro compañero Roi González, con ello Durant renunciaba a su estatus de leyenda.

El otro gran caso, posiblemente el otro bombazo del verano, es el de Wade. En su caso, no ha renunciado a su estatus de leyenda, a Wade se lo han robado. Una serie de decisiones y berrinches de Pat Riley llevaron a que el escolta dejara el equipo, pero ahora era la franquicia la que dejaba tirado al jugador más relevante de toda su historia, y quien para casi todo el mundo de la NBA no debía vestir otra camiseta que no fuera la de Miami. Bien es cierto que Riley se ha mostrado arrepentido, abriendo las puertas a su retorno, pero tal desprecio no debe mostrarse ante alguien que ha hecho tanto por el equipo como Wade.

Podemos irnos incluso a otros deportes, donde muchos otros claros one-team men tampoco lo fueron. Jerry Rice (NFL) dejó a los San Francisco 49s tras quince años para acabar su carrera jugando en los Riders y los Seahawks. Raúl González dejó el Madrid para acabar en Estados Unidos tras pasar por el Schalke y Al-Assad, caso similar al de Xavi Hernández con el Barcelona. Emmitt Smith dejó los Dallas Cowboys tras labrar toda su carrera allí y ganar tres Superbowls para retirarse en los Cardinals. Otros, como Juan Carlos Navarro o ahora Sergio Rodríguez, bien es cierto que su caso es algo distinto, dejaron a un equipo que lideraban y donde optaban a todo para intentar dejar su sello en tierras americanas.

Como dije antes, a muchos les parecerá algo nimio. ¿Qué importa que hayan acabado jugando uno o dos años aquí o allá? Han hecho historia con su club, siempre se les recordará, pensará más de uno. Por supuesto que no falta razón, pero el hecho de culminar su carrera en el mismo club donde hiciste historia, el hecho de no haberse vendido y que el equipo le haya correspondido como se merece es lo que forja las auténticas leyendas.

Por eso, en este desierto de dunas de oro y dinero, el oasis que forman los Spurs cobran un valor muy especial. Vienen a ser la excepción que confirma la regla. Ahora mismo, son solo cinco los jugadores que llevan al menos diez temporadas en la NBA y que no han cambiado nunca de equipo. Precisamente dos de ellos son Spurs hasta la médula, y prácticamente no existe la posibilidad de verlos jugando en otro sitio: Tony Parker y Manu Ginóbili. Además, debemos contar al recién retirado Tim Duncan, que se fue hasta las 19 temporadas en San Antonio. Aquí es donde hay que reconocer el mérito de San Antonio, haberse mantenido juntos en todo momento y no renunciar a su estilo es lo que les ha llevado a ser lo que son.

Ser testigos de una carrera como la de Duncan, Parker y Ginóbili no debería ser tan exclusivo como de hecho lo es. Ganando las semejantes sumas que se ganan en la NBA, la pasión por los colores debería contar mucho más que unos millones extra en unos bolsillos que ya están a reventar.

6 Comments
  1. David González Salazar says

    Muy interesante el artículo pero en el deporte actual, y mas en la nba y sus millones, los proyectos y el anillo están por encima de los colores, ya que es mucho más fácil unirse a un proyecto ya asentado que crearlo en tu equipo desde cero y hacerlo campeón, es una pena pero la idea romántica del one-team men es algo de lo que nos tenemos que olvidar ya que estamos ante los últimos eslabones de esta cadena con la retirada de Tim y un Nowitzki con el ocaso cada vez mas cercano

  2. Pablo says

    Por supuesto. Por desgracia tu comentario resume a la perfección la realidad. Al fin y al cabo el deporte de élite se ha convertido en un negocio, de manera que este romanticismo no tiene cabida hoy en día.

  3. Alex Güell Villar says

    Mucha razón Pablo, con este artículo resumen cómo está evolucionando la NBA, el deporte y el mundo en general. El capitalismo más radical está haciéndose con el control y ya no importa el cómo me recordarán o qué he hecho, solo importa cómo de llenos tengo los bolsillos cuando me retire.

    Una realidad muy triste 🙁

    1. Pablo Bousquets Muñoz says

      Efectivamente, no deja de ser un reflejo de la sociedad. Y lo que importa hoy en día es la pasta, sea en el deporte o en cualquier otro ámbito.

  4. Aníbal Ramela says

    No es tema de dinero, es tema de fama, títulos o ego, como dice bien Reggie Miller en esta nota los jugadores star ganan más por publicidad que lo que puedan llegar a ganar por salario. En esta nota está notable cómo lo define Miller: http://www.somosbasket.com/2016/07/07/noticias/barkley-miller-opinan-traspaso-durant/

  5. Gusmia says

    Los colores que sienten allí son los de la universidad,la NBA es otra historia. Los jugadores no van donde quieren,los jugadores son elegidos,traspasados, etc

    La NBA es una liga profesional,una mercadería, donde el jugador es mercancía, y nos vamos a quejar de que cuando les llega la oportunidad se vayan a tal o cual sitio? Yo no
    Antes no era así, era aún peor.

    Queremos juzgar las decisiones de los jugadores y las razones por las que las toman? Fijémonos en la formación que tienen….un año de universidad y 19 años es suficiente para tener una cabeza amueblada,unos valores sólidos?Qué es lo que aprenden en esa liga? Eso también es la NBA

    El vínculo entre jugador y franquicia es algo que no se valora mucho, en muchos casos deberían tenerlo más en cuenta,pero al menos, nos queda Robin Hood……shhhh no lo digáis muy alto….

Leave A Reply

Your email address will not be published.