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Fuente: Chris Arace (CC)

Utah Jazz, ante un mar de incógnitas con Trey Burke

El joven base no progresó como se esperaba de él

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A pesar de que su paso al banquillo pareció sentarle bien, Trey Burke no ha conseguido registrar en el campo el mismo crecimiento que él asegura que ha tenido como jugador y persona en su segunda campaña. Ahora los Jazz deben ajustar bien el equipo con los otros tres jóvenes talentos que forman el juego exterior del equipo

Continuamos con nuestro cierre analizando la actuación uno a uno de los jugadores; en anteriores artículos: Gordon Hayward, Derrick Favors, Rudy Gobert, Dante Exum, Alec Burks.

Fuente: Chris Arace (CC)
Fuente: Chris Arace (CC)

Tras un gran final de campaña en Salt Lake City y el consiguiente buen sabor de boca dejado en directiva, cuerpo técnico y afición por parte de un núcleo de jugadores muy jóvenes que apenas están comenzando a dar muestras de todo el baloncesto que tienen, el único punto flaco lo representa la posición de base, y en concreto Trey Burke, seleccionado con el número 9 del draft hace dos años, y por el que Utah mandó sus dos primeras rondas de esa temporada a Minnesota para hacerse con los servicios del que pensaban sería su director de orquesta del futuro. Tras un primer curso modestamente prometedor, en 2014-15 el ex de Michigan dio un paso atrás considerable en su desarrollo, culminándolo con un paso al banquillo en beneficio del bisoño rookie australiano Dante Exum, que si apenas era un cero a la izquierda en ataque lo suplía con un notable rendimiento en la retaguardia. Ahora los Jazz se encuentran ante una decisión importante que tomar, sobre todo con la vuelta de Alec Burks que podría también quitarle el puesto de sexto hombre. ¿Es Burke parte íntegra del futuro a corto y medio plazo del equipo? ¿Es compatible con Exum, Burks y la emergencia de Rodney Hood?

A pesar de que fue escogido para el All-NBA Rookie Team en 2013 y además ganó tres NBA Rookie of the Month en la Conferencia Oeste, los números que registró en su debut – que corroboraron muchas de las cualidades y también defectos que se perfilaban para Burke como point guard de un equipo profesional – tampoco invitaban a lanzar las campanas al vuelo. Con apenas 1,85m. de estatura, su principal dificultad residiría en crearse sus propios tiros, ya que su habilidad como facilitador nunca estuvo en duda. Además su tiro y juego sin balón en general no eran aspectos suyos que destacasen, limitando en parte su papel en el ataque de los Jazz. Su falta de tiros libres también le pasó factura. Sin embargo, considerando que apenas se estaba adaptando al ritmo de juego de la liga, en un equipo muy joven y con un entrenador muy limitado, se podía ser optimista y confiar en que Burke se desarrollase como el base titular de Utah en las próximas temporadas.

Su año sophomore, sin embargo, ha sido un jarro de agua fría, con el natural de Ohio empeorando en casi todos los registros, exceptuando el número de tiros libres intentados, algo razonable si tenemos en cuenta que su protagonismo en ataque aumentó. Su porcentaje de tiros, que ya era mediocre, bajó de un 38 a un 36,8%, y en triples del 33 al 31,8%, mientras que en la línea de personal el descenso fue más acuciante, pasando de un impoluto 90,3 a un 75,2% en apenas 0,3 intentos más por encuentro. Sus asistencias cayeron en picado, a pesar del aumento de su usage% – una herramienta que mide el porcentaje de posesiones de un conjunto que un jugador usa -, descendiendo el porcentaje de un 28% a un 24,5%, aunque siendo justos el ratio asistencia/pérdida también bajó casi medio punto, que no está nada mal. Mientras que nadie duda de que el talento está ahí, lo que hay que evaluar es si de verdad Burke, con lo que puede aportar, tiene sitio en un equipo que se basa desde febrero en adelante en su fortaleza defensiva y que además tiene otro creador de juego ya en Gordon Hayward, probablemente el jugador franquicia de los Jazz. La polivalencia de Exum permite esconder a Burke atrás, pero con el regreso de Burks y la progresión de Hood es bastante probable que no haya minutos para los 4, y cualquiera de los dos anteriores encajan mejor a priori en lo que propone Quin Snyder en ambos lados de la cancha.

El único que no progresó al mismo ritmo que Utah desde el traspaso de Kanter fue él, y aunque su paso al banquillo pareció beneficiarle a él y sobre todo al juego del equipo en general, sus porcentajes de tiro siguen siendo muy pobres, aunque también es verdad que al ser el último resorte de la segunda unidad muchas veces dependían los Jazz de que crease cualquier cosa en ataque. Todavía es muy joven y tiene espacio para crecer, pero su segundo curso en la NBA puede haber dañado mucho sus posibilidades de futuro en el EnergySolutions Arena:

“Esperaba mejorar, quizás no en áreas donde la gente esperaría de mí que lo hiciera, pero crecer como persona y madurar fue lo más importante para mí”.

El haber pasado por dos entrenadores en apenas dos temporadas es un factor que no podemos olvidar, pero ahora que Utah puede mirar a los playoffs de manera realista próximamente, el general manager Dennis Lindsey y el entrenador jefe, Quin Snyder, van a tener que tomar decisiones con respecto a su jovencísimo backcourt, del que, por ahora, Trey Burke parece el miembro en una posición más frágil, puesto que Burks apenas renovó por mucho dinero y Hood y Exum dejaron bastante buen sabor de boca en su primera campaña.