Foto: Skip Perham (CC)

Si vas a juzgar a Marcus Smart solo por sus estadísticas mejor cierra la boca

Catalogado como el 12º mejor rookie hasta el momento

Foto: Skip Perham (CC)
Foto: Skip Perham (CC)

Si hace unas semanas te hubieses metido en la página de ESPN y hubieses leído la noticia sobre cómo han ido evolucionando los rookies a lo largo de esta temporada, podrías haber visto como David Thorpe (por lo general un periodista con muy buen ojo para cribar a los nuevos talentos) situaba a Marcus Smart como el duodécimo con mejor temporada. Sí, el duodécimo.

Como puedes imaginarte, si bajabas un poco hasta la zona de comentarios, esta parecía Corea a principio de los años 50. Entre la multitud de aficionados molestos porque su rookie había sido descendido varias posiciones en favor de otros que juzgaban menos válidos, sobresalían – de manera muy clara – por su indignación los aficionados a los Boston Celtics. Y a lo largo de estos días, numerosos blogs y webs de prestigio han ido publicando sus alegatos a tan deshonroso puesto en dicho ranking.

¿Por qué? Se preguntarán muchos de ustedes. ¿A qué se debe tanta algarabía por un solo artículo? ¿Tan deshonroso es? Al fin y al cabo, sus números indican una buena temporada para un rookie, pero sus 7.5 puntos, 3.5 asistencias y 3.4 rebotes tampoco son como para salir a la calle y empezar a quemar cosas. Pues ese es precisamente el problema, que si vas a analizar a un jugador como Marcus Smart solo por sus números, mejor quédate en casa viendo crecer la hierba, porque el base texano es de esos jugadores que no se pueden entender viendo sus números en un papel.

Critícalo, si esta es tu opinión o si este es tu propósito en la vida, porque lleve meses sin penetrar, porque no esté asumiendo demasiado peso en la dirección del juego (aunque sí que lo hace en los momentos calientes), o porque abuse de un tiro exterior, que si bien ha mejorado, tampoco es de los mejores de la liga. Pero si solo vas a decir estadísticas en voz alta, este es un mal negocio. Expliquemos por qué.

Tomemos como ejemplo el que es, hasta el momento, su partido más reciente, la victoria contra Memphis Grizzlies. La boxscore nos deja unos guarismos de 5 puntos (2/8 en tiros de campo), 3 asistencias, 4 rebotes y 2 robos. Nada del otro mundo, y si encima has seguido el partido por alguna cuenta de twitter (tomemos como ejemplo @despachoceltics ), o has leído una crónica al día siguiente, no entenderías por qué hablan de él como un jugador decisivo en el partido. Quizás lo atribuirías a que sí, fue el que metió la canasta de laboratorio de Stevens y sí, le puso un tapón a Courtney Lee que este aún tiene que estar llorando en un rincón de su bañera, o a que los aficionados y cronistas de los Boston Celtics queremos ver un océano donde solo hay un pequeño oasis. Pero no, la verdad es que la actuación de Smart fue decisiva, como en muchos otros partidos.

Y es que, tanto David Thorpe como aquellos que no sean muy aficionados a los Boston Celtics, no siguen la mayoría de partidos de la franquicia (lo entiendo, un Orlando Magic – Boston Celtics como el que hay esta noche, tampoco es para decir a la novia que tienes que estudiar o trabajar mucho y encerrarte en la habitación a verlo), y por ello no pueden ver lo que el base hace noche tras noche. Y es puro espectáculo.

No mete 22 puntos, ni gana concursos de mates, ni regala 3 aley oops por partido, pero verle defender es ciertamente un espectáculo. Es como un pitbull al que han tenido atado dos semanas y lo sueltan por primera vez, y eso en cuanto a su defensa 1×1, porque si hablamos de su defensa colectiva, también podemos observar una clarividencia para leer los ataques contrarios impropia para un rookie. No nos engañemos, todo el mundo sabía desde la Universidad que iba a ser un defensor de élite en la NBA, pero no este primer año; la diferencia física, los hombres de 30 años que están negros de jugar noche tras noche, y los atletas casi robóticos de los que está plagada la NBA hacen casi imposible que destaques en defensa hasta que no te vuelvas uno de ellos. Pero el rookie lo está haciendo. Y todas las noches. Hay días en los que está más atascado en ataque, está volviendo a penetrar 5 meses después de su lesión, pero su defensa es de 10 noche-tras-noche.

Hace la vida muy difícil para sus parejas en la pista, sus promedios bajan un 3.5 % cuando se enfrentan a él, consiguiendo anotar solo un 30.2% de los lanzamientos que hacen desde el triple cuando Smart los defiende.

Y no es solo su defensa, es su carácter. Hace unos meses salían jugadores como Evan Turner o Gerald Wallace (un infladísimo número dos del draft, pero que es muy poco amigo de regalar elogios a terceros y un jugador que lleva 14 años en esta liga), diciendo que había sido Smart con su carácter y sus palabras quienes les habían convencido de que era posible ganar el partido contra los Atlanta Hawks, por entonces primeros de la liga. Un jugador de primer año. Contagiando por carácter y actitud a jugadores mucho más veteranos.

Entonces ¿Qué tenemos? Un rookie que pelea cada bola como si fuese la última, que defiende cada balón, sin concederse una posesión de descanso, y capaz de convencer a sus compañeros de que no hay que tirar nunca la toalla. Y lo tenemos vistiendo una camiseta de los Boston Celtic. ¿Puesto duodécimo? Por favor…