Brandon Ingram, Los Angeles Lakers. Foto: Carlos Almenar (SB)

Por fin. La mejor versión del espigado alero llegó ante Golden State Warriors, y esperemos que se quede por el bien de su franquicia, Los Angeles Lakers. Brandon Ingram lo hizo todo en este partido, incluidas siete pérdidas en lo negativo. Esto es lo que quería Magic Johnson, ese jugador líder que soportase los galones oro y púrpura, otrora Kobe Bryant.

El primer año del ex de Duke fue más irregular que certero, muy verde en todos los aspectos del juego. A pesar de ver cierta mejoría después del All Star, su año rookie fue, si no decepcionante, bastante pobre, tanto estadística como estéticamente. Perdido en el ritmo descontrolado de la liga, no metía ni defendía, y sus buenas actuaciones se sucedieron con cuentagotas toda la temporada. Todos veíamos (y vemos) potencial en el jugador, pero no acabábamos de creer. Y desde su primer día, ha tenido un protector y valedor, Kevin Durant. Es curioso que un año después, alcance su cenit contra él.

Siempre comparado con Durant por sus características físicas similares, ha tenido una losa bastante grande sobre sus hombros, aumentada más si cabe por Magic, quien dijo de él que iba a ser un jugador de veinte puntos por partido en esta temporada. Y ciertamente, no lo ha conseguido ni seguramente lo consiga, pero de un tiempo a esta parte ha subido sus prestaciones en estadística e intangibles. Se está adaptando. Su mente y su cuerpo van uniéndose, y ambas partes saben lo que necesitan para completar a un buen Ingram.

El cambio que ha pegado desde la temporada pasada a esta tiene mucho que ver con su estilo de juego. Se le criticó mucho debido a sus bajos porcentajes desde el triple. Y como dice aquel, tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe. Es decir, solución: Tirar menos de tres. Y no le ha ido mal. Incluso, cuando tira, casi siempre está en una posición liberada, ergo los porcentajes suben. La otra consecuencia de esto es la agresividad con la que ataca el aro. Sí, predecible en muchas ocasiones (de ahí las pérdidas), pero físicamente casi imbatible por su envergadura. En los momentos clave, casi siempre aparece, ya sea para bien o para mal, pero aparece. En esas se forja un líder.

Brandon Ingram dio un paso al frente ante los Warriors. - Nil Alemany (SB)
Brandon Ingram dio un paso al frente ante los Warriors. – Nil Alemany (SB)

El partido de los oro y púrpura ante Clippers y el siguiente contra los de la Bahía definen este grupo de jugadores, exultantemente joven y caótico, lleno de destellos y sombras. De perder ante los vecinos en racha negativa a casi ganar a los campeones de la NBA. Capaces de lo mejor y lo peor. Como Brandon Ingram, vaya. Por eso es el máximo referente liderando al equipo. Promedia 15.7 puntos, 5.3 rebotes y 3 asistencias por partido. Números sensiblemente superiores a los de su primera temporada. Es cierto que alterna partidos de ocho puntos con otros de veinte y así sale la media, pero la mayoría de sus partidos acaban por encima de los quince, cosa muy rara en la 2016/2017.

En defensa también ha dado un paso hacia delante (ahora hablaremos de una jugada defensiva contra Durant). Aprovecha mejor sus interminables brazos y su ganancia de peso (mínima) y aguanta mejor las embestidas de los aleros rivales. Más inteligente a la hora de robar y ofrecer ayudas y cambios de marcas.

Pasemos al partido ante los Warriors, que ejemplifica a la perfección la temporada de Sophomore del alero. Se enfrentaba a su mentor y espejo en el que mirarse, Kevin Durant. Y además de todo eso, un gran defensor. La noche podría ponerse dificil para Brandon Ingram. Nada más lejos de la realidad. En ataque logró deshacerse de su defensa casi en cada acción. En defensa, pudo aguantarlo, que no es poca cosa dadas las circunstancias de defender al mejor anotador actualmente.

Metió dos triples, tuvo un gran porcentaje de tiros libres, cosa que es un gran logro ya que siempre suele rondar el 60%, y fue un toro a la hora de ir hacia la canasta. Casi imparable. ¿El ataque estaba atascado? Bola para Ingram y que invente. Así hasta conseguir la mejor actuación anotadora de su carrera, 32 puntazos. Incluso tuvo el tiro ganador, pero erró. Draymond Green leyó muy bien la ayuda e Ingram debió pasársela a Randle que había quedado solo. Pero no se puede reprochar que la intentase él, eso es lo que queremos, que lo intente.

¿Podrá este joven alero de veinte años mantener y subir este nivel a lo largo de la temporada? Esta duda invade la mente de todos los aficionados a los Lakers. Por un lado, observar este nivel nos lleva a querer lo mismo o más, pero es cierto que es demasiado incluso hasta para su mente. Así que mi recomendación para todos los críticos y fans de este jugador es que vean este partido como un pico alto en su progresión lineal ascendente. Como un gran destello más de lo que puede llegar a ser. Sin duda nos encontramos ante un jugador especial y hay que cuidarlo física y mentalmente, y las expectativas no suelen ser buen augurio. Let him play.