Los Utah Jazz deben mejorar su sistema ofensivo. Streamline1989 (CC)

El otro día estaba en una de mis charlas “formales” con el gran Xabi Marco. Entre amores, trabajo y lo bien que va el país actualmente nos dio por hablar de los Utah Jazz. Para variar. Entre pitos y flautas volvemos a lo de siempre. ¿Cómo tienen los Jazz un sistema defensivo tan perfecto y un sistema ofensivo tan deplorable?

Que es necesario mejorar el ataque en este equipo lo sabe hasta el mayor de los futboleros fanáticos e ineptos. Pero un momento. ¿Cómo podríamos adaptar un sistema ofensivo potente, eficaz, que se adapte a la plantilla de los Utah Jazz, que siga permitiendo una defensa brutal, ajustar los partidos a 90 puntos y todo esto en la mejor Conferencia Oeste en muchos años? Difícil cuestión. Más aún si cabe el tremendo bajón del equipo tras la recesión de la reconstrucción este verano.

Pues todo comenzó con un documental sobre baloncesto. Tras una interminable charla de Hacienda Pública de más de 2 horas, comencé a ver la entrevista. El gran Ben Simmons entrevistaba allá por 2013 al Señor de los Anillos en su propia casa. En una exclusiva para la NBA TV, recordando a la leyenda.

Como admirador reconocido de los Celtics desde 2008, comencé las eternas, odiosas e incansables comparaciones entre ambos equipos. ¿Cómo una franquicia lucha toda una vida por ganar un anillo y este señor ganó 11 en 13 años? ¿Cómo podrían emular los Jazz a semejante semi-dios? La respuesta parece venir sola: defense and run. Dicho de otra forma, defensa asfixiante y a correr al contraataque.

Si analizamos a la plantilla mormona como tantas otras veces hemos hecho, nos percatamos de que la plantilla legendaria de la década de los 60 de Russell y los Jazz presentan algunas similitudes (por inverosímil que parezca). En el sistema de Snyder se intenta ralentizar el juego en defensa, proteger el aro con una bestia francesa de brazos interminables y presionar tiradores en la línea. Sin embargo la rotación en ataque, el movimiento de balón y sobre todo la creación de tiros y finalización deja mucho que desear. Lo veremos a continuación.

Como hemos visto anteriormente, se debe reestructurar el ataque en este equipo. Sin perder la identidad y sin perder el estilo.

Durante la pasada temporada el estilo, la identidad, personalidad, cultura deportiva (llamenlo como quieran) quedó más que claro. Una de las mejores defensas de la liga (por no decir la mejor). Sólo se permitían 97’5 ppp. ¿Y curiosamente qué es lo que pasó en ataque? Los Utah Jazz tuvieron la tercera peor ofensiva de la liga. 100’4 ppp. De las muchas cuestiones que se pueden suscitar en la pretemporada de los Utah Jazz, una sobresale por encima del resto. ¿Cómo se puede mejorar el ataque? ¿Cómo mantener la competitividad sin perder el estilo ni la identidad? 

Empecemos con las similitudes. Bill Russel fue el mejor defensor de la historia, capaz de secar y vencer a Wilt Chamberlain y Jerry West. Entre todas sus habilidades y virtudes, había una que pasaba completamente desapercibida. Sabía pasar. Nada más taponar al atacante o cerrar el rebote, habían dos jugadores corriendo hacia el lado contrario de la pista. Generalmente el base, escolta y alero del equipo cerraban contraataques a gran velocidad. Todo tras pase de “quarterback” del pívot.

Para introducir un sistema de contraataque en la libreta de Snyder se debe contar con un pívot “quarterback”. Un hombre alto protector del aro que sepa rebotear, taponar, recupere posesiones y sepa pasar. Y, por supuesto, pases de lado a lado de la pista. ¿Me pueden decir un mejor rim-protector en la liga que Rudy Gobert? Añadid a su defensa la capacidad de pasar. Las oportunidades que se abren son impresionantes.

Para aclararnos, mi ejemplo favorito: Kevin Love. Siempre o casi siempre que cerraba el rebote la jugada terminaba en dos puntos de Lebron James. Si Gobert desarrolla esta habilidad, todo está hecho.

Aquí viene la segunda parte del sistema. Además de un pívot pasador, hacen falta 2 o 3 jugadores atléticos, capaces de correr la pista en cuestión de segundos durante todo el partido. Aquí se presentan los problemas para los Utah Jazz. Si bien se adapta este sistema, es lógico que aumenten las rotaciones entre el backcourt del equipo. Más allá de las malditas lesiones Donovan Mitchell y Rodney Hood o Alec Burks, no presentamos jugadores capaces de correr y finalizar así. Aunque siempre se puede quedar un jugador arriba que sea un gran finalizador. ¿El ejemplo? Joe Johnson.

En una liga cada vez más atlética, la finalización de jugadas es esencial. ¿Qué les parece si muestro afecto por la llegada de Ricky Rubio? En esta supuesta salida al contraataque finalizar correctamente es esencial para que no sorprendan con desajustes en defensa o con otro contraataque. Si el mago de El Masnou consigue involucrar a sus compañeros, ejecutar correctamente las jugadas y correr en el mejor momento de su carrera, este sistema se puede compatibilizar perfectamente.

Como mencionaba anteriormente, en un sistema tan defensivo y carente de creación de ofensiva como lo es el de los Utah Jazz, esta nueva habilidad vendría como anillo al dedo de Frodo. Pero también tiene sus riesgos. Confiar ciegamente en el momento de forma de Rudy Gobert y en que 3 jugadores podrán corren bien la pista exige una capacidad física brutal.

Hacer cada partido un infierno físico y deportivo. Si bien los Jazz muestran dureza e intensidad en defensa, falta mucho rodaje en ataque. Y siendo honesto, las continuas plagas de lesiones me provocan pánico. Extrayendo jugadas técnicas de libreta, este sistema puede marcar la diferencia en partidos cerrados.

Como hemos comentado en otras noticias, análisis y opiniones, la Conferencia Oeste se antoja imposible. En unos tiempos donde la moda son los súper-equipos, las estrellas y los trades, las solución tal vez pase por un sistema completamente distinto. Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. O poniéndonos un tanto nostálgicos, cualquier tiempo pasado fue mejor.