Desde que Leslie Alexander comprase la franquicia de Houston Rockets en 1993, la franquicia ocupa el quinto lugar en el porcentaje de victorias en la Liga, trajo dos campeonatos consecutivos y premios individuales para Olajuwon, y apareció en las Finales de la Conferencia Oeste otras dos veces.

En esta época han jugado para la franquicia cuatro miembros del Salón de la Fama, y actualmente juegan otros dos jugadores que, previsiblemente, también entrarán en el mismo cuando se retiren.

Por tanto, sin llegar a alcanzar el éxito de los Lakers, Spurs, Heat o los actuales Warriors, ha sido un periodo de tiempo muy bueno para la franquicia. Por ello, quizás el aspecto más subestimado y uno de los más importantes a la hora de tener en cuenta la competitividad sostenida en el tiempo de la franquicia texana haya sido la toma de decisiones de la directiva de la franquicia, que debido a la venta de la franquicia a Tilam Fertitta, tienen nuevo dueño.

El contrato de Chris Paul.

Chris Paul decidió antes de encarar su último año de contrato abandonar Los Ángeles Clippers para recalar en Houston Rockets. Cuando finalice este contrato, será el momento de firmar su posible último gran contrato en la Liga. Ante esto, el nuevo propietario, Tilman Fertitta, tiene dos opciones: firmarle un gran contrato o decidir si no hay dinero (ni balón) suficiente para Harden y CP3 y dejar al base de Carolina del Norte irse a otra franquicia.

Escenario 1.

Houston juega una buena temporada y Tilman Fertitta decide ofrecerle un gran contrato a Chris Paul. Esto implicaría que el propietario considera que las finanzas del equipo son lo suficientemente sólidas y que está dispuesto a pagar un elevado impuesto de lujo, ya que la extensión máxima que le puede ofrecer al base es de unos 200 millones de dólares por 5 temporadas.

Este contrato implicaría una de estos dos supuestos, sino ambos. El primero de ellos es que Houston Rockets considera que este desembolso es necesario ya que Chris Paul es un jugador de élite necesario para ser competitivos en el durísimo Oeste, y si le quedan un par o tres de años a primer nivel en la Liga, firmarle por 5 años sería necesario. El segundo, nos podría hacer pensar que Houston cree que CP3 no verá frenado su rendimiento a partir de los 35 años, cosa que suele ocurrir a la mayoría de los point-guards debido al desgaste físico y mental que implica esta posición.

Escenario 2.

Fertitta puede renovar al base antes de que finalice la temporada que va a comenzar si Paul está dispuesto, acortando así en un año la extensión de un posible contrato máximo que es el que Chris Paul buscará.

Esta opción sería la mejor para el equipo. Implicaría que Chris Paul está produciendo un gran rendimiento en la cancha y que además, la franquicia ha sido capaz de convencer al futuro miembro del Hall of Fame de que esta es la mejor manera de poder rodear de grandes jugadores a él y a Harden.

Escenario 3.

Dejar marchar a Chris Paul. Es casi imposible que esto suceda y más en la situación actual. Sin embargo, puede suceder que el nuevo propietario crea que firmar un contrato de 200 millones por 5 años al base de 33 años en 2018 es un mal movimiento. De esta manera, podría intentar firmarlo por un contrato corto de tiempo (dos o tres años) o enfrentarse a su marcha intentando firmar otros agentes libres que salen al mercado.

Este último escenario podría ser provocado por una gran multitud de factores: química del equipo, compenetración entre Harden y Paul, lesiones…

La extensión de contrato de Clint Capela.

Las estimaciones actuales creen que el umbral del impuesto de lujo de 2018 se situará en 123 millones de dólares. Houston Rockets tendría ya comprometidos (si renovara a CP3 por el máximo) para esa fecha los contratos de James Harden, Chris Paul, Ryan Anderson y Eric Gordon, que en total sumarían unos 93 millones de dólares. Todo esto, sin incluir en el roster a Clint Capela y a Trevor Ariza.

Aun no sabemos que hará Tilman Fertitta, pero es posible preveer que un hombre que se ha gastado dos terceras partes de su fortuna en comprar una franquicia deportiva, no esté dispuesto a pagar grandes sumas en impuestos de lujo inmediatamente.

Por ello, las matemáticas no fallan. Si los Rockets no consiguen desprenderse del contratazo de Ryan Anderson y se comprometen a mantener al trío Harden-Paul-Gordon sin pagar impuestos de lujo, entonces no hay espacio para los 18 millones de dólares por temporada que se espera que pida el agente de Clint Capela para su cliente.

Clint Capela se ajusta al perfil de center atlético, buen defensor y finalizador cerca del aro, especialmente en alley-oops. El valor de jugadores con un perfil similar fluctúa dependiendo de la temporada. Un año Bismack Biyombo firmó por 4 años y 72 millones de dólares, mientras que al siguiente, Nerlens Noel firmó un contrato de 4 millones de dólares por un año. Entonces, es fácil deducir que el valor de estos hombres, no depende tanto de lo que produzcan, sino del espacio salarial disponible por las franquicias.

Es verdad que Clint Capela es el mejor socio de Harden, ha encontrado su sitio en Houston y desempeña un papel fundamental, habiendo mejorado temporada tras temporada. Sin embargo, la evolución que está siguiendo la actual NBA hace que estos jugadores tengan un valor finito (Carecen de juego al poste, no poseen tiro exterior, malos lanzadores de tiros libres…). De hecho, el propio Mike D’Antonio en los anteriores playoffs se dio cuenta y utilizó en muchos momentos calientes de los partidos al veterano Nené Hilario como ‘5’ debido a su mayor repertorio ofensivo.

Por todo ello, el futuro de Clint Capela en Houston Rockets está ligado intrínsicamente con el hecho de que Tilman Fertitta quiera pagar el impuesto de lujo, o bien no quiera hacerlo y no extienda el contrario del pívot suizo, dejándolo marchar y buscar otros jugadores en el mercado que se adecúen más a las posibilidades tanto deportivas como económicas de la franquicia.

Crear una gran “atmósfera” en el Toyota Center.

Hoy en día, es imposible que Golden State Warriors, Oklahoma City Thunder o San Antonio Spurs, posiblemente mayores rivales de Houston Rockets en la Conferencia Oeste, teman jugar en el Toyota Center. Esto tiene cambiar.

Como propietario de la franquicia, Tilman Fertitta tiene el control de todos los aspectos de la misma, desde los precios de las entradas como las asignaciones de los asientos. Como dueño, debe ser consciente del “déficit de ambiente” que poseen las primeras filas del pabellón de la franquicia texana comparándolas con las de otros pabellones como son el Chesapeake Energy Arena de Oklahoma o el Oracle Arena de Oakland.

La pasada temporada, los Rockets se dieron cuenta de este problema e intentaron solucionarlo mediante la oferta de cervezas a un dólar antes de la apertura de puertas para que la gente estuviera en los alrededores antes de que el partido hubiera comenzado. No fue suficiente.

La franquicia debe intentar otra vez buscar una solución a este problema, ya que los fans, sabiendo que hay un nuevo propietario y este ha sido un fan como ellos del equipo, estarán receptivos a nuevas promociones y ofertas para generar ambiente en el pabellón.

Seguramente el problema no sea que los aficionados de los Rockets no tengan pasión por la franquicia o que no sean ruidosos, sino que el problema es de carácter sistemático. No se trata de una cuestión deportiva, sino de una cuestión de negocios.

Fertitta va a tener que tomar decisiones en este ámbito y debe ofertar promociones para que los aficionados se identifiquen con el equipo, vayan en masa a ver los partidos, abarroten los alrededores antes de cada encuentro y la ciudad se vuelque con la franquicia. Cambios en las asignaciones de localidades o la venta de bloques de asientos corporativos son algunas de las posibilidades que tiene el nuevo propietario.

Fuente:

SB Nation