Por | Twitter: @peitx15 | 18 abril, 2017
Zach Randolph memphis grizzlies
Zach Randolph se postula para ser el mejor sexto hombre de 2017 – Mark Runyon (CC)

Con la llegada de David Fizdale a Memphis, los Grizzlies apostaban por un quinteto inicial capaz de jugar más rápido, con más espacios y con un estilo más acorde con la tendencia que se ha ido implantando los últimos años en la NBA, donde cada vez es más frecuente enfrentarse a equipos que se decantan por el small ball. Este nuevo esquema respondía a la necesidad de lidiar con uno de los problemas que viene acosando desde lejos a este equipo: el escaso acierto exterior. También significaba ampliar el abanico de posibilidades para un bloque que dependía demasiado de sus hombres interiores, un modelo que empieza a perfilarse como una reliquia de un pasado nostálgico. Todo empezó cuando, en el campamento de verano, Marc Gasol se fijó en JaMychal Green, un jugador hasta entonces relegado a un papel secundario por detrás de Zach Randolph, con el que sentía una química especial y con el que se compenetraba perfectamente. En la presente campaña, Green se ha consolidado como titular, pasando de ser un trotamundos de la D-League a un jugador importante para un equipo de PlayOffs, una de esas bellas historias de superación que tanto gustan a los aficionados.

Con el ascenso de Green al quinteto inicial,  Zach Randolph tuvo que asumir un nuevo rol saliendo desde el banquillo como sexto hombre. Al que ha sido uno de los pilares en los años de esplendor de esta joven franquicia, al mayor responsable del milagro de 2011, cuando los de Tennessee tumbaron a los Spurs en una primera ronda que enfrentaba el primer clasificado contra el octavo, al que era el referente ofensivo del conjunto más duro de toda la liga le tocaba enfrentarse a un nuevo reto: consumarse como capitán de la segunda unidad. Los años pasan y el veterano pívot ya cuenta treinta y cinco primaveras a sus espaldas. Sin embargo, su nuevo papel ha resultado ser todo un hallazgo tanto en beneficio del equipo como para su rendimiento personal, arrastrando menos minutos pero con la misma incidencia en la pintura, lo que le ha permitido llegar mucho más fresco al tramo final de la temporada. El propio jugador aceptaba sin resignación la decisión de Fizdale al inicio del curso.

“Estoy bien con eso.” – refiriéndose a salir desde el banquillo. – “Ya sabéis como soy, acepto lo que es mejor para el equipo. Siento que podría ser titular, por supuesto, y llevar el equipo como el año pasado. Pero estoy dispuesto y soy positivo. Si el entrenador Fizz quiere que juegue diez minutos, jugaré los diez minutos más intensos”.

Como se podía prever, ha jugado bastante más de diez minutos y se ha ido demostrando que ha sido una de las decisiones más acertadas del técnico novato. Han conseguido abrir el campo para que Mike Conley y Marc Gasol jugaran más liberados, circulando mejor el balón y encontrando más  brechas en la defensa rival. Por otro lado, Zach Randolph se ha reinventado como la primera opción cuando los cambios se hacen efectivos, amasando más balón, si cabe, que en años anteriores. El equilibrio perfecto. Tal ha sido su rendimiento que suena en todas las quinielas de candidatos a llevarse el galardón a mejor sexto hombre de la temporada. Con la votación ya finalizada pero el veredicto final aún por conocerse, vamos a echar un vistazo a su candidatura.

La temporada de Zach Randolph

Z-BO ha promediado 14.1 puntos, 8.1 rebotes y 1.8 asistencias con un 45% en tiros de campo, unos números similares a los del año pasado pero jugando cinco minutos menos. En los setenta y dos partidos que ha disputado ha conseguido veinte dobles-dobles y ha sido fundamental para que el barco de los Grizzlies no se hundiera ante la plaga de lesiones con la que han convivido permanentemente. Cuando Mike Conley y Marc Gasol han tenido que ausentarse, ha ejercido de líder tanto en la pista como en el vestuario, contagiando su ética de trabajo y su buen carácter a los compañeros más jóvenes. Un luchador que nunca se esconde en las grandes citas: fue el motor de la increíble remontada contra los Golden State Warriors con 27 puntos y 11 rebotes y también en la primera victoria ante San Antonio Spurs con 18 puntos, consolidando al equipo como el matagigantes de este curso.

Rivales potenciales

Dejando a un lado a Wilson Chandler que, pese a su gran campaña, ha estado en constante transición entre la titularidad y la suplencia, los dos jugadores con más opciones de llevárselo pertenecen al mismo equipo, a los Houston Rockets. El equipo de moda de este año ha resultado ser una de las grandes sorpresas de la temporada mediante ese baloncesto alegre y vistoso que  prioriza el juego ofensivo en detrimento de la defensa. El caso es que ha funcionado de maravilla y muchos no daban un duro por ello. La piedra angular del proyecto de Mike D’Antoni es James Harden, pero un engranaje tan bien diseñado como el de los Rockets necesita piezas muy específicas y ahí es donde entran Eric Gordon y Lou Williams (el segundo, llegado en el cierre de mercado procedente de Los Angeles Lakers). Dos jugadores con un perfil similar que parten con la ventaja de que su mejor arma llega desde el triple, un rasgo muy atractivo para el foco mediático y que debe gran parte de su valor a las últimas campañas de los Splash Brothers en Golden State. Ambos han dado un salto cualitativo y cuantitativo en sus registros: Eric Gordon ha promediado 16.2 puntos, 2.7 rebotes y 2.5 asistencias, resucitado tras dos años mermado por las lesiones; mientras que Lou Williams ha registrado 17.5 puntos, 2.5 rebotes y 3.0 asistencias, buscando su segunda coronación.

Aparte de los mencionados, no se puede desestimar a dos veteranos como son Jamal Crawford y Andre Iguodala. El primero es todo un icono para este galardón – lo ha ganado en tres ocasiones – y el segundo ha ejercido de pegamento del mejor equipo del año, dando un paso adelante con la lesión de Durant.

Con unas características similares a las de Zach Randolph tenemos a Enes Kanter y Greg Monroe, los otros interiores aspirantes. No obstante, su candidatura es menor. La de Kanter porque juega en Oklahoma, un equipo donde la “Westbrook dependencia” ha eclipsado las aportaciones de sus compañeros, sin olvidar su autolesión en un arrebato de idiotez. En en el caso de Monroe, porque sus números están un peldaño por debajo del resto.

Motivos para que lo gane Z-Bo

  • Los números hablan por sí solos: cierto que no ha anotado tanto como los dos máximos aspirantes, pero su aportación en el rebote lo compensa y ha jugado seis minutos menos por partido que, por ejemplo, Eric Gordon.
  • Su estadística en puntos cada 36 minutos ha crecido de forma descomunal respecto al año pasado (20.7). Los mejores registros vistiendo la camiseta de los osos y solo por debajo de los de Williams, que tenía carta blanca para tirar lo que quisiera y más en los Lakers. Lo mismo sucede con los puntos por cada 100 posesiones (29,9); en lo que desborda a Eric Gordon y supera a Lou Williams, si nos fijamos solamente en su etapa con los Rockets.
  • Su trascendencia en los Grizzlies ha sido vital: también lo ha sido la de Gordon y Williams, pero Houston no ha sufrido tantos contratiempos como los Grizzlies, que han llegado en cuadro a muchos enfrentamientos y han tenido que modificar constantemente las rotaciones. Randolph no ha dejado de dar la talla.
  • Seguir la moda aburre: desde que Antawn Jamison lo hiciera en 2004, ningún otro interior ha conseguido este premio. La tendencia hacia el juego exterior de la NBA es un hecho innegable, por lo que podría ser la oportunidad perfecta para homenajear a un tipo de jugador que representa a una especie en peligro de extinción.