DeAndre Jordan relata su temporada de rookie en la NBA

Segunda parte de la carta del pívot

DeAndre Jordan recuerda su temporada de rookie don gran aprecio. Nil Alemany (SB)
DeAndre Jordan recuerda su temporada de rookie don gran aprecio. Nil Alemany (SB)

La vida de los rookies en la NBA no suele ser sencilla, la mayoría no acumulan los minutos que desean, o baten contra el ya conocdio «Rookie Wall» y bajan su rendimiento a partir de Febrero a causa del cansancio, y sobre todo, aún no tienen el respeto ganado por parte de sus compañeros, y llevar las maletas del equipo o simplemente servir el café a uno de los jugadores importantes del equipo se convierte en una tarea rutinaria para los recién llegados a la liga. Esto todos los jugadores lo han pasado, incluído DeAndre Jordan, pívot titular de Los Angeles Clippers y recién seleccionado para el All Star. Hace unos pocos días, salió a a luz, vía «The Player’s Tribune», una carta pública redactada por DeAndre Jordan, carta de la cual ya hemos publicado la primera parte, donde refleja sus pensamientos más profundos sobre su carrera NBA. En esta ocasión, DeAndre Jordan nos cuenta que se ve reflejado en Diamond Stone, rookie de los Clippers, y recuerda su primer año en la NBA, donde como él dice, nada es lo que parece.

«Este año, he estado mucho tiempo trabajando con nuestro pívot rookie, Diamond Stone. Diamond es talentoso y prometedor – un joven que, como yo, jugó un año en la universidad y entró en la liga a las 19 años. Y Diamond es tan tonto como yo fuera de la pista. Veo un montón de similitudes entre nosotros dos. Al comienzo de la temporada, empecé a llamarlo por teléfono a horas aletorias para que me hiciese algún recado. Ya sabes, cosas típicas de rookies. Normalmente le mando que me vaya a por snacks a un 24 horas.

Y me recordó a mi año rookie.

Me recordó a tés…. a tés de vainilla con leche de soja concretamente. Seguramente haya pedido alrededor de 150 tés de vainilla con leche de soja en mi año de rookie. Y jamás volví a pedir uno.

Eso es porque era el pedido de Baron Davis: Té de vainilla con leche de soja. Recuerdo la primera vez que me mandó al Starbucks a coger uno – fue en el Training Camp. Baron es una leyenda y realmente lo admiraba, así que quería impresionarlo. Me sentía bastante invisible como el chico nuevo. Sabía que mi trabajo era hacer todo lo que me decía.

En ese momento, no sabía que Baron también era…un tipo bastante extraño. En el buen sentido, por supuesto, pero sí…era un tipo especial.

Me llamaría en cualquier momento – podía ser a cualquier hora del día – y las llamadas siempre eran super cortas.

«Hey rook...vete a cogerme un té de vainilla

Ni una pequeña charla ni nada.

«Con soja, no te olvides de la soja.«

Entonces…colgaba.

La primera vez, realmente me mandé un mensaje a mi mismo «Té de vainilla no te olvides de la soja», así no me equivocaría. Volví, sintiéndome orgulloso, cual becario en su primer día. Pero cuando le dí la bebida, Baron le dió un sorbo, me miró, y lo tiró a la basura. Y simplemente se fue. Siempre pienso que hubiese pasado si le llevase el pedido mal.

Baron me llamaría cada pocos días. Misma conversación. Mismo pedido. Algunos días se bebía toda la bebida, otros días, entraba en el vestuario y la bebida seguía ahí, donde se la dejé, completamente llena.

La verdad es que a Baron le gustaba bromear conmigo y con otros rookies, pero lo hacía porque le importábamos. En el entrenamiento, o en los partidos, él era siempre el veterano que decía «Buen trabajo en defesa» o «Buen partido, chaval». Realmente significaba mucho para mi.

9 años después de todos esos tés, me pregunto que pasaría si le pusiese publicidad de Starbucks a Diamond, tal y como hizo Baron conmigo, cuando Diamond me traiga snacks.

Aunque, creo que soy un tipo muy majo».


Marcus Camby era otro veterano que bromeaba conmigo cuando era rookie. La primera vez que conocí a Marcus fue porque me mandó llevarle donuts de frambuesa.

Marcus amaba esos donuts. Me podía llamar a todas horas. Me daba un billete de 100 dólares, y cuando volvía con 3 donuts – siempre 3, siempre frambuesa – me dejaba quedarme con el cambio. Era un mucho mejor trabajo que el de los tés.

Pero Marcus realmente me cuidaba más que por esas cosas. Cuando era un rookie, era un niño, un niño grande, pero definitivamente un niño. Me tomaba los entrenamientos y los partidos en serio, pero fuera de la pista seguía siendo un payasete de clase. Marcus lo vió a kilómetros.

En un partido en San Anonio ese año, entré a la cancha por Marcus en el segundo cuarto. Siendo de Texas, para mí, Tim Duncan siempre ha sido «El Hombre».

Ahora Tim era mi emparejamiento. Estaba al lado de uno de mis ídolos baloncestísticos.

Estaba superado por la situación. Estaba como «Woao, estoy jugando contra Tim Duncan. Intentaré taponar su tiro, tengo que intentar hacer una gran jugada». Pero Tim tenía mucha paciencia en la pintura. Eso es algo de lo que nunca me olvidaré sobre emparejarme con él. Le dieron la bola y yo estaba como «OK chaval, ¿como lo quieres?» Ni siquiera había amagado y yo ya había saltado – lo juro, lo único que hizo fue mirar arriba y a la izquierda…y yo ya estaba en al aire.

Me sacaron del partido y el entrenador no me puso hasta el último cuarto. Tras el partido, Marcus vino  junto a mí, meneando la cabeza. Estaba a punto de decir algo.

Antes de que él pudiese hablar, yo dije: «Lo sé, lo sé, no debería saltar tanto».

Marcus me miró con la típica mirada de «¿Qué me estás contando'» y no contestó a mi comentario. Él tenía su propia pregunta.

«¿Cuál es el movimiento favorito de Tim?»

«Ni idea», le dije.

«¿Me estás diciendo que saliste ahí a fuera a adivinarlo?» me dijo, mirándome como si fuese un alien o algo extraño.

Ese fue un gran momento revelador para mi. Como rookie, nunca pensaba demasiado sobre contra quien jugábamos a la noche siguiente. Sabía a quien tenía que defender, pero Marcus me animó – de una forma bastante intimidante – a profundizar más. Lo convirtió en algo nuestro. Me hacía estudiar las tendencia de los jugadores y luego me acribillaba a preguntas. «¿Con que mano tira cuando está en la parte izquierda de la zona? ¿En la derecha? ¿De que manera hace el reverso? ¿Amaga? ¿Hace un up-and-under? ¿En qué momentos? ¿Cómo sabes si lo va a hacer?» Eran preguntas realmente específicas.

Durante mi temporada de rookie, creo que rompí uno de los mitos sobre la NBA. Cuando eres un rookie, piensas que una vez que estás en la liga, sólo es baloncesto….pero a un mayor nivel.

Ya sabes, puede en un poco más rápido y duro, pero básicamente lo mismo. Crees que en cuanto se pone el balón en juego, tu simplemente haces lo que has hecho siempre. Y crees, o al menos yo creí por un tiempo, que los grandes y talentosos jugadores ganarían partidos gracias a su estatura o su calidad. Pero ahora se…que eso no lo es todo.

Fui humillado ese primer año. Estuve mucho en el banquillo, así que estaba viendo más baloncesto del que estaba jugando. Tenía que afrontar el hecho de que no estaba trabajando lo mismo en mi Basketball IQ que lo que estaba haciéndolo en mi físico. La tarea que Marcus me encomendaba me consumía mucho tiempo, demasiado, lo que llegó a ser molesto al principio. Algunos partidos sólo jugaba 10 minutos pero había hecho una investigación de 1 o 2 horas.

Nunca olvidaré un momento ese año, en el que Marcus me dejó alucinado. Yo estaba en el banquillo y él estaba jugando, bajando a defender. Pasó al lado de la banca y gritó, lo suficiente alto como para que yo lo escuchase, «Es una jugada para tal y tal, pero va a haber un bloqueo sobre el jugador con balón primero».

Segundos después, el rival ejecutó esa jugada.

Y yo estaba en plan, «Huh, ¿Como demonios sabía que iba a pasar eso?

Tras el partido, Marcus me lo volvió a recordar. «Estudio todas sus jugadas».

Me asustó un poco el darme cuenta de que pasaban muchas cosas en la NBA de las que yo no me daba cuenta. Es como cuando todo el mundo sabe un secreto y tu eres el único que no.

Ese día, me sentí como un novato total. El resto de la temporada, Marcus y yo realizábamos una buena rutina. Quería enseñarle que podía aprender y crecer. En el fondo, pensaba que molaba estar preparado para predecir las jugadas de los rivales. Así que en las rondas de tiro, Marcus me preguntaba.

«Nos enfrentamos a Portland en dos días, ¿que significa «Floppy Out»

Y yo le decía que era un pick & roll entre Brandon Roy y LaMarcus Aldridge, y que Aldridge solía ir directo hacia el aro para un Alley-oop.

Esa temporada la viví como un gran examen».